Siempre me ilusiona diciembre y sus promesas
Verdes e infinitas
Perfumadas y frondosas
Pero pronto me abandona
Sin haber podido absorber lo suficiente
Y enero se me escapa
Agobiante y luminoso
En una carrera corta
Sin más recompensas
Que el temor
Al repetido ciclo;
Al pánico de la pesada escalada.
Melancolía y resignación.
No se puede guardar
Solo saber soltar.
miércoles, 18 de enero de 2012
CLARITA SE FUE DE VACACIONES
LLEGADA.
Clarita se fue de vacaciones. Y trato de pasarla bien. No fue fácil. A veces todo conspira…
Llego a la casita de la playa perteneciente a sus suegros. Al estar cerrada varios meses, no fue sencillo saber por donde empezar a limpiarla. Sus hijos mientras tanto, excitados y ansiosos querían ya hacer todo tipo de actividades asociadas a sus vacaciones como jugar juegos de mesa que iban encontrando y desparramando sobre el polvo, las telas de araña y las cucarachas que clarita intentaba barrer. Al mismo tiempo descubría que no podía prender el calefón y que el agua de las canillas salía en un hilo y de un color dudoso. Como casi siempre, la escena culminó en un grito de furia desesperado que asustó a sus hijos al punto de paralizarlos y dejarlos serios y ofendidos mirando la televisión mientras ella continuaba limpiando, bajando bolsos, haciendo camas. Fregando heladera, inodoros, estantes, pisos y demás con un solo trapo. Y que todos se agarraran un virus mortal, total a ella que mas le podía pasar para agotarla y desilusionarla.
Sus vecinos de todos los veranos pasaron a saludarla al ver su auto. Obviamente preguntaron por el marido antes que nada.
- llega mañana. Tenia trabajo pendiente. Pobre.
Lo de pobre estuvo de más. Por que tenia que justificarlo? Muy en el fondo, clarita sabía que su marido adoraba su rol de visitante ocasional durante las vacaciones. A pesar de su trabajo, clarita intuía que el adoraba estar solo en su casa. Sin chicos, sin la rutina hogareña…. Y quien no, después de 10, 12 años de matrimonio.
Muy considerados los vecinos la invitaron esa misma noche a cenar a su casa impecable y organizada. Patricia tenia “una chica con cama” que venia con ellos todo el mes. En ese momento, clarita sintió tanto odio y envidia que rehusó la invitación ante la mirada atónita y acusadora de sus hijos quienes no podían creer lo “injusta, egoísta y mala madre” que era.
LOS DIAS SUCESIVOS
Sus días de “descanso” debían comenzar a las ocho si quería hacer una placentera caminata y luego tener tiempo para todo lo demás. Así es que cambiando unas rutinas por otras en su vida, clarita caminaba por la playa o por el bosque cercano y pensaba lo que le aguardaba al volver… y a veces no quería volver. Preparar desayuno, lavar ropa (a mano) hacer camas, barrer arena, ir al supermercado, planificar almuerzo y cena. Finalmente ir a la playa. Sentarse y al poquitisimo tiempo ver a sus hijos acercarse con el temido comentario: “me aburro. Que vamos a hacer?” Sugerir y escuchar rechazo tras rechazo de dos pre adolescentes que prefieren las computadoras y la televisión al tejo y la paleta. Esto la preocupa tanto que participa de estos juegos (que ella también detesta) por la salud física y mental de sus hijos. Las energías la abandonan y los deja comprarse un pancho, pulseras, películas truchas y helados a cambio de tener un rato de paz para sentarse en su reposera de cara al viento molesto de la costa atlántica.
Su marido la llama al celular. Se ve en la obligación de decirle que la están pasando muy bien pero que lo extrañan. Clarita sabe que si hace un solo comentario negativo, el la hará sentir una caprichosa, desagradecida, “que preferís? Estar en Buenos Aires muerta de calor llevando los chicos a la colonia?” no, claro.esto es mucho mejor. Además en pocos días reciben visitas y los chicos van a estar entretenidos…. Y clarita ya no tendrá ni un segundo para ella. O si, cuando vaya a hacer las compras o cuando los mande a todos a la playa primero y ella se quede ordenando la casa demasiado pequeña para tantos comensales.
LLEGAN LOS INVITADOS…
Clarita se fue de vacaciones. Y trato de pasarla bien. No fue fácil. A veces todo conspira…
Llego a la casita de la playa perteneciente a sus suegros. Al estar cerrada varios meses, no fue sencillo saber por donde empezar a limpiarla. Sus hijos mientras tanto, excitados y ansiosos querían ya hacer todo tipo de actividades asociadas a sus vacaciones como jugar juegos de mesa que iban encontrando y desparramando sobre el polvo, las telas de araña y las cucarachas que clarita intentaba barrer. Al mismo tiempo descubría que no podía prender el calefón y que el agua de las canillas salía en un hilo y de un color dudoso. Como casi siempre, la escena culminó en un grito de furia desesperado que asustó a sus hijos al punto de paralizarlos y dejarlos serios y ofendidos mirando la televisión mientras ella continuaba limpiando, bajando bolsos, haciendo camas. Fregando heladera, inodoros, estantes, pisos y demás con un solo trapo. Y que todos se agarraran un virus mortal, total a ella que mas le podía pasar para agotarla y desilusionarla.
Sus vecinos de todos los veranos pasaron a saludarla al ver su auto. Obviamente preguntaron por el marido antes que nada.
- llega mañana. Tenia trabajo pendiente. Pobre.
Lo de pobre estuvo de más. Por que tenia que justificarlo? Muy en el fondo, clarita sabía que su marido adoraba su rol de visitante ocasional durante las vacaciones. A pesar de su trabajo, clarita intuía que el adoraba estar solo en su casa. Sin chicos, sin la rutina hogareña…. Y quien no, después de 10, 12 años de matrimonio.
Muy considerados los vecinos la invitaron esa misma noche a cenar a su casa impecable y organizada. Patricia tenia “una chica con cama” que venia con ellos todo el mes. En ese momento, clarita sintió tanto odio y envidia que rehusó la invitación ante la mirada atónita y acusadora de sus hijos quienes no podían creer lo “injusta, egoísta y mala madre” que era.
LOS DIAS SUCESIVOS
Sus días de “descanso” debían comenzar a las ocho si quería hacer una placentera caminata y luego tener tiempo para todo lo demás. Así es que cambiando unas rutinas por otras en su vida, clarita caminaba por la playa o por el bosque cercano y pensaba lo que le aguardaba al volver… y a veces no quería volver. Preparar desayuno, lavar ropa (a mano) hacer camas, barrer arena, ir al supermercado, planificar almuerzo y cena. Finalmente ir a la playa. Sentarse y al poquitisimo tiempo ver a sus hijos acercarse con el temido comentario: “me aburro. Que vamos a hacer?” Sugerir y escuchar rechazo tras rechazo de dos pre adolescentes que prefieren las computadoras y la televisión al tejo y la paleta. Esto la preocupa tanto que participa de estos juegos (que ella también detesta) por la salud física y mental de sus hijos. Las energías la abandonan y los deja comprarse un pancho, pulseras, películas truchas y helados a cambio de tener un rato de paz para sentarse en su reposera de cara al viento molesto de la costa atlántica.
Su marido la llama al celular. Se ve en la obligación de decirle que la están pasando muy bien pero que lo extrañan. Clarita sabe que si hace un solo comentario negativo, el la hará sentir una caprichosa, desagradecida, “que preferís? Estar en Buenos Aires muerta de calor llevando los chicos a la colonia?” no, claro.esto es mucho mejor. Además en pocos días reciben visitas y los chicos van a estar entretenidos…. Y clarita ya no tendrá ni un segundo para ella. O si, cuando vaya a hacer las compras o cuando los mande a todos a la playa primero y ella se quede ordenando la casa demasiado pequeña para tantos comensales.
LLEGAN LOS INVITADOS…
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