viernes, 12 de abril de 2013

VACIAR LA CARTERA



Hoy no fui al taller porque no me decidía. Ese lujo que es la indecisión cuando algo no es obligatorio. Hice varias cosas intrascendentes y rutinarias que nunca se notan ni hacen diferencia en esta casa tan desordenada que habitamos. Una de esas actividades, igual de mecánica que las demás, me produjo una sensación extraña así  que fui registrando cada movimiento como si tuviera algún significado. Algún símbolo.
Simplemente vacié el contenido de una cartera que había quedado abandonada en el perchero desde fines del año pasado.
 Muchos papeles, papelitos y objetos que no necesité evidentemente. Por las dudas, antes de tirar todo en una bolsa de basura, observé cada uno y rápidamente se convirtieron en disparadores de mi memoria y de mi vida durante casi un año.
Como una caja de Pandora, comenzaron a saltar angustias, alegrías, tedios y melancolías. Todo mezclado y todo olvidado pero conservado en esa oscuridad paciente. Será que justo leí una frase de Borges sobre las historias que pretenden “la reducción de la vida de un hombre a dos o tres escenas.” Mi cartera y su variado contenido me mostraban a que se reducía mi vida.
Abollé y tiré sin mirar una cantidad enorme de tickets de supermercado. Hubiera podido adivinar sin temor  a equivocarme la cansadora repetición de artículos enumerados en esos angostos y largos papelitos. Para un investigador, un trabajo más que simple si debiera deducir rutinas alimentarias y domésticas en general.
Tickets de teatro. Una salida de amigas, todas con el mismo deseo de escapar un poquito, un ratito de la vida familiar para ser solo mujeres enteras e individuales en  una noche de viernes.
Tickets de cine. Una película en 3 D. Habrá sido en vacaciones de invierno?  Creo que fue una de las últimas películas que veremos juntos con los chicos hasta que se les pase la etapa de no compartir los mismos  intereses cinéfilos.
Un trozo de papel con un número de teléfono sin ningún nombre. Un plomero? Una nutricionista? Un gran misterio que va a la basura con el resto.
Cuatro biromes. Ninguna escribe. Gomitas para el pelo.
Recetas e indicaciones. Turnos de dentistas. Muestras de cremas. Un artículo del diario La Nación fotocopiado que me dieron en una reunión de padres. Leí el título y lo tiré también: hoy no estoy para sermones.
Una tarjeta de  invitación a un  casamiento. Que bueno que se casó Graciela. Quien lo hubiera dicho. La vida tiene sorpresas inesperadas después de todo.
Un volante de una feria de navidad a la que fui pero no compré nada porque era un tumulto de mujeres insoportables. Igual recuerdo el café que nos tomamos con una amiga y lo bien que nos hizo a las dos compartir los sentimientos contradictorios que esa época del año nos provoca.
 Pero entonces me doy cuenta que ya es abril y como en el verano usé otras carteras, no se que pasó en mi vida ni donde están los días de estos meses hasta hoy.
Voy a vaciar esas carteras también.