lunes, 13 de mayo de 2013

LA ADORADORA



LA ADORADORA


Es adolescente como las de antes y como las de ahora también.
Como las de antes porque sueña despierta y  desesperada con su objeto de deseo. Ese objeto perfecto que la colma de emociones desbordadas.
Es como las de ahora, porque gracias a la tecnología, hace pública su obsesión de niña que desea ser mujer amada.
No discierne entre la fantasía y la realidad. Ella cree que eso que siente es tan intenso que debe ser amor puro y genuino; entonces se enfrenta sola contra todo. Se destruye a sí misma y a su propio ser. Solo importa lo que a él le gusta. Todo lo que lo rodea es ahora fascinante y se lo apropia porque la conecta con él. Una ingenuidad que da ternura  e impacienta por igual.
Qué va a pasar con esta adoradora? Con su persecución enfermiza y su cariño desenfrenado?
Una tragedia?
Sí.
La tragedia de crecer y aceptar la realidad.
Mientras tanto es pertinaz en su pasión. Exhibe sin pudor su reluciente excitación. Es tan rara esta época en la que no se guardan ni se esconden los diarios íntimos ni las ansias de muchachitas alzadas. Al contrario, se sufre en manadas de redes invisibles con testigos seguidores y voyeurs indiferentes.
Leo sus súplicas, sus insistentes y agotadores reclamos y pienso en toda esa energía empantanada que no encuentra un cauce real. Ya llegará.
Pobre chica. Pobres todas las chicas que se enamoran de una idea y pretenden alojarla en un cuerpo libre, ajeno y tan lejano en su piedad. 



viernes, 12 de abril de 2013

VACIAR LA CARTERA



Hoy no fui al taller porque no me decidía. Ese lujo que es la indecisión cuando algo no es obligatorio. Hice varias cosas intrascendentes y rutinarias que nunca se notan ni hacen diferencia en esta casa tan desordenada que habitamos. Una de esas actividades, igual de mecánica que las demás, me produjo una sensación extraña así  que fui registrando cada movimiento como si tuviera algún significado. Algún símbolo.
Simplemente vacié el contenido de una cartera que había quedado abandonada en el perchero desde fines del año pasado.
 Muchos papeles, papelitos y objetos que no necesité evidentemente. Por las dudas, antes de tirar todo en una bolsa de basura, observé cada uno y rápidamente se convirtieron en disparadores de mi memoria y de mi vida durante casi un año.
Como una caja de Pandora, comenzaron a saltar angustias, alegrías, tedios y melancolías. Todo mezclado y todo olvidado pero conservado en esa oscuridad paciente. Será que justo leí una frase de Borges sobre las historias que pretenden “la reducción de la vida de un hombre a dos o tres escenas.” Mi cartera y su variado contenido me mostraban a que se reducía mi vida.
Abollé y tiré sin mirar una cantidad enorme de tickets de supermercado. Hubiera podido adivinar sin temor  a equivocarme la cansadora repetición de artículos enumerados en esos angostos y largos papelitos. Para un investigador, un trabajo más que simple si debiera deducir rutinas alimentarias y domésticas en general.
Tickets de teatro. Una salida de amigas, todas con el mismo deseo de escapar un poquito, un ratito de la vida familiar para ser solo mujeres enteras e individuales en  una noche de viernes.
Tickets de cine. Una película en 3 D. Habrá sido en vacaciones de invierno?  Creo que fue una de las últimas películas que veremos juntos con los chicos hasta que se les pase la etapa de no compartir los mismos  intereses cinéfilos.
Un trozo de papel con un número de teléfono sin ningún nombre. Un plomero? Una nutricionista? Un gran misterio que va a la basura con el resto.
Cuatro biromes. Ninguna escribe. Gomitas para el pelo.
Recetas e indicaciones. Turnos de dentistas. Muestras de cremas. Un artículo del diario La Nación fotocopiado que me dieron en una reunión de padres. Leí el título y lo tiré también: hoy no estoy para sermones.
Una tarjeta de  invitación a un  casamiento. Que bueno que se casó Graciela. Quien lo hubiera dicho. La vida tiene sorpresas inesperadas después de todo.
Un volante de una feria de navidad a la que fui pero no compré nada porque era un tumulto de mujeres insoportables. Igual recuerdo el café que nos tomamos con una amiga y lo bien que nos hizo a las dos compartir los sentimientos contradictorios que esa época del año nos provoca.
 Pero entonces me doy cuenta que ya es abril y como en el verano usé otras carteras, no se que pasó en mi vida ni donde están los días de estos meses hasta hoy.
Voy a vaciar esas carteras también. 



sábado, 23 de marzo de 2013

Volver a las palabras

Los borradores y las historias sin terminar me persiguen.
 Me acechan y me enfrentan a mis debilidades y mis traumas.
No las termino. Están llenas de errores. Editar me agota mentalmente.
Los relatos terminados son tristes y poco esperanzadores: mi visión de la vida.
Ahí voy con mi tendencia a la ironía y al descreimiento.
 La resignación: esa gran bandera de la que me enorgullezco y me hastío.
Como las dietas estrictas que cuesta cumplir, me propongo empezar el lunes o tal vez continuar con algunos de mis "hijos" abandonados en el camino.
Se que me esperan. Cobran vida cuando los releo...pobrecitos.
Volveré... Volveré...

miércoles, 27 de febrero de 2013

Sin papel, sin tinta, sin ganas.



Y ahora todos escribimos…
Yo me tomé unas vacaciones. Decido no castigarme por mi pereza y mi falta de disciplina. Leí mucho. Leo mucho pero como leemos ahora: picoteando en la web todo lo que aparece desordenadamente. Perdiendo el tiempo o no. Yo soy de una generación culposa y nada más culposo que dejarse atrapar por la web y saltar de sitio en sitio llenándo la cabeza de mucho y de nada.
No hago planes para el año. Creo que solo voy a flotar cuando el agotamiento de mi trabajo rutinario y demandante me lo permita.
Escribir… tal vez. Cortito. Poquito. No se…sí se que no va a haber inspiración espontanea y que a las ideas las voy a tener que buscar revolviendo, revolviendo porque las muy  malditas no van a venir a visitarme. Este es un año sin ilusión. Quien sabe, eso sea lo mejor…