miércoles, 15 de octubre de 2014

AGUAS  PROFUNDAS

Mi querido Arthur,
                              Siento que mi mente más que nunca se está deslizando de manera irreversible hacia aguas más profundas y oscuras que las habituales.  Pronto ya no recordaré ni reconoceré lo que me rodea. Antes de que ello ocurra definitivamente, quiero dejarte esta carta sin una intención muy clara.Tal vez para pedirte perdón o para agradecerte por todos estos años juntos.
                            Uno no ama a quien quisiera y esa es una verdad que nos atañe a ambos. Tu merecías un amor intenso y profundo de mi parte y yo solo pude brindarte gratitud y cariño. Muchas veces lamenté que te conformaras con esto.
                            Fueron décadas preguntándome día tras día por qué seguíamos esta serena manera de acompañarnos sin molestarnos. ¿Fuimos egoistas y cobardes, Arthur? No lo sé.
                            Cuando por las mañanas me acompañabas al lago, yo comprendía que ese gesto representaba lo que eramos.  Tu paciente y  silencioso observador en la orilla, yo penetrando aguas oscuras y prufundas  muchas veces  queriendo no  volver a la superficie.  Lo hacía solo para ver el alivio en tu rostro. Ese pacto mudo que nos ha unido todos estos años.
                             Tu lo sabes. Yo no voy a explicarte lo que hay en mi memoria ni en mi alma. Ese pozo insondable al que nunca pudiste llegar  y aún así me amaste igual.
                            No puedo más que admirarte y confirmarte que sin la paz que conocí a tu lado, yo no hubiera sido capaz de sobrevivir tantos años.
                           Gracias por siempre,
                                                               Lotte