sábado, 3 de noviembre de 2012

MALEABLE



MALEABLE


Fui arcilla y ahora también y que suerte que en este momento lo soy más.
Me gusta seguir siendo arcilla blanda, cambiante e inacabada. Es lo que más me tranquiliza de esta vida: saber que hasta el final hay posibilidad de nuevas formas. A veces claras y definidas; otras, retorcidas e incomprensibles. Nunca rígida del todo. Se resquebrajaría.
Cuantas manos cuidadosas me moldearon  aunque algunas no supieron y no pudieron.
Aprendí a esquivar las ásperas y torpes y ahora se reconocer alfareros habilidosos que logran conformarme por un tiempo hasta que otras me parecen mejores. Así puedo seguir transformando esto que soy. Esta arcilla tan igual a las demás y sin embargo distinta.   


miércoles, 24 de octubre de 2012

Octubre soleado

OCTUBRE SOLEADO


Verde profundo,
Lustrado.
Generoso.
Placer y melancolía
derramados en perfumes y colores.
 reencuentros puntuales  
con amontonadas flores
Diminutas y las otras
Golosas trepadoras;
Explosivos arbustos
De colores pomposos
y profusa energía.
Alegría y añoranza se confunden
En abrazos aromáticos
Y se despiertan inmensas
Así de repente
Como un soleado día de octubre
Que se impone glorioso,
Ostentoso y dominante.

viernes, 19 de octubre de 2012

JUGANDO CON CORTAZAR

JUGANDO CON CORTAZAR  (ejercicio del taller)



Creía que iba a poder disimular. Hablaba piricadas nondeleses con sus amilganadas amigas sabiendo que el aparecería y concoctaría la milalia de sus viparadas extrapianas.
No quería mirarlo y que él supiera de sus cristápinos pinosos nunca finisterrados.
Además todos se darían cuenta también aunque lugrugarian con miradas arriguinadas de poisones triquilares.
Cuando se saludaron, nuevamente comprobó que la silisiada pirivada se le enrupaba y atralodaba como antes. Como siempre.
Le ocurriría lo mismo a él? No. El era empirastro  fartronomo y nunca había sentido por ella el más mínimo infatuado cristalado que la la mardijó a ella desde la primera vez.
Que difícil volver a ver el rosteple inmurable de su cara y sus gestos y saber que aún tenía sobre ella un efecto tan enmortalado e inmoclasto.
Y bueno, la vida es betrajunda, coradalda y minuspicia. Ella tenía que aceptarlo.  

viernes, 5 de octubre de 2012

SIEMPRE QUISE

Siempre quise escribir sobre...
No. Siempre quise escribir. punto.
Pero para escribir hay que vencer algunos monstruos despiadados con paciencia y tenacidad.
El peor de todos para mi es la gigantesca pereza que se me rie victoriosa por ser yo un oponente tan fácil.
 Me disculpo a mi misma como lo haría con una alumna insegura y un poquito mentirosa que dice necesitar correr el plazo. Eso me da una tranquilidad relativa y deshonesta.
Me convenzo que las ideas están allí al alcance pero en ese estado, como la ropa mezclada y amontonada en el ropero, como los juguetes incompletos o desmembrados en los cajones de los chicos, como los papeles apilados sin lógica sobre la mesa.
Y tal vez escribir sea igual de arduo que encarar esas tareas.
Ya llegará el momento y escribir solo será poner en orden esas ideas perdidas pero guardadas no me acuerdo donde hasta que empiezo a revolver y a decidir dónde poner qué.


sábado, 29 de septiembre de 2012

ATASCADA

Sabía que iba a pasar. Volver un domingo a esta hora significa esto. No hay manera de avanzar.Los cuatro carriles están colapsados. No creo que podamos movernos por un largo rato. Es un piquete? Un accidente? O simplemente que todos estamos volviendo en la misma dirección a esta hora arruinando el día al aire libre que imagino la mayoría hemos tenido.
Los chicos están dormidos. La radio y su locutora chillona me impacienta más así que la apago.
En el carril derecho hay un camión gigante. La puerta tiene pintadas las banderas de Brasil, Paraguay y Argentina. El conductor está tranquilo. Toma mate mientras conversa animadamente con su acompañante. Debe ser el único a quien esta situacion no lo altera. Su vida transcurre en esa cabina día tras día y todas las autopistas con sus distintos escenarios no lo sorprenden. No le cambian el humor.
Muy diferente se comporta el conductor del auto alemán que apreta el acelerador amenazante y toca bocina cada treinta segundos mientras gesticula al aire, a todos, a nadie ya que nadie le presta atención. El camionero lo mira fugazmente y vuelve a su conversación. No le importa, o más bien, no puede ayudarlo.
Una pareja en el carril izquierdo consulta sus celulares. De a ratos escriben mensajes velozmente como si fuera de alguna forma extraña una manera de avanzar. No se hablan. No se miran. Si estaban peleados, esta desgastante situación los obliga a sostener la tensión y los mudos reproches mutuos peligrosamente. Me pregunto si aflojarán. Hago una apuesta mental que él cederá primero. Las estadísticas me avalan.
Mi carril avanza apenas unos centímetros y menos que los demás. Siempre pasa. Ahora quedo pegada a un micro de larga distancia. Hay una chica con la frente apoyada sobre el vidrio de la ventanilla. Observa intensamente. Pareciera impresionada o confundida. No sé de donde vendrá ese micro pero la expresión en ese rostro  me hace imaginar un lugar muy lejano y despoblado. Un sitio distante donde autopistas así con esta jauría de autos agazapados y feroces no se ha visto jamás. Pensará que esta es solo la primera de muchas situaciones raras que le aguardan en la ciudad. Cuanto le durará la incredulidad?
En una camioneta vieja y humeante hay muchas personas. Tal vez todos parientes. Adelante van apretados un conductor de mediana edad, una mujer con una niña en brazos y una pareja mayor. Serán los abuelos. se rien y comen bizcochos de grasa. Atrás hay cuatro jóvenes con gorros y bufandas tapando parte de sus caras. Dos duermen. Uno mueve la cabeza al ritmo de alguna música que escucha por unos auriculares que no puedo ver. El otro me mira fijo. Yo desvío la mirada pero él no. Está bien. El está incómodo y tal vez ese sea su modo de hacerme ver que yo la estoy pasando mejor en este infierno compartido.

sábado, 22 de septiembre de 2012

AMARGA ESPERA

No se para qué llego tan puntual. Siempre lo mismo. Esta médica no sé que se piensa. Para qué da turnos si después aparece toda esta gente y encima los atiende primero y sin apuro, claro.
Y ahora atiende enanos, por favor. Este habrá salido de un circo? Para que pago esta  prepaga carísima si esto es peor que un hospital público. Que desastre!
El viejo y la vieja de que hablarán? Hasta se ríen? Ya me veo que los voy a tener que dejar pasar primero. No se por qué sonríen. Acaso no se vieron? Pierden el tiempo viniendo al médico y haciéndose análisis. Por lo que les queda… en fin.
Ese que está ahí no es el chanta repartidor de diarios? Ya le dije a Alberto que no me gusta nada ese tipo. Seguro que relojea las casas y campanea a los chorros porque sabe cuando estamos y cuando no. Obviamente esa ropa y ese reloj no se los compró con lo que gana en su kioskito. Que país de porquería! Nosotros encerrados y los chorros libres y contentos.
La imbecil de la médica que no me atiende y se pasa la hora. Se me va a cerrar el naturista y me quedé sin quínoa y sin lino. No puedo hacer todo. Si no me atiende ya, armo un escándalo. Me va a escuchar ella y la prepaga.
Ah, tengo que pedir turno con la pedicura también. Pero ahora por celular, no. Me van a escuchar todos estos muppets mientras hablo . La gente es chusma. Que se meten con uno y sus cosas?
Ese revistero lleno de revistas idiotas. Me tengo que acordar de tirar todas las revistas “Buena Salud” que coleccionaba. Cuanta plata tirada a la basura. Al final, no se para que las leía. Son unos estafadores. Todos.
Bueno parece que se dignó a atender. A ver a quien llama primero. Ah, me llamó a mí. Milagro. Hoy llueve.  

miércoles, 19 de septiembre de 2012

LECCIÓN GIRADA



Llevaba consigo su fracaso pero lo disimulaba con sus ironías y comentarios ácidos hacia todo lo que la rodeaba.
Ella sabía más que los demás. Criticaba de manera implacable. Juzgaba tan severamente que finalmente todo era un error en los otros siempre.
Que cosa. Todos  vivían  equivocados menos ella.
Su vida estaba ordenada perfectamente: su alimentación, sus actividades, sus horarios, su trabajo conformaban una estructura tenaz.
Inflexible y colérica si las situaciones se salían de su carril. También tenía la habilidad  de convertir todo lo que acontecía en algo negativo y perverso.
Sentenciaba ferozmente y sin compasión.
En una reunión familiar, por ejemplo, explicaba detalladamente por qué toda la comida  preparada y desplegada amorosamente por otras manos, era veneno para el cuerpo.
Nadie la contradecía y tal vez por eso a medida que pasaba el tiempo, se convencía más y más de sus verdades absolutas.
Sabía de su poder sobre sus más cercanos. Era algo con lo que contaba sin temor ya que todo en su actitud parecía indicar que sola estaba muy bien y no necesitaba a nadie llegado el caso.
El marido era callado. Festejaba intermitentemente sus chistes cínicos y asentía siempre distraído o autómata.
Nadie se exasperaba con ella ni con sus comentarios. Quizás  porque ella cubría la cuota de exasperación contra todo.

Pero nadie le gana a la vida ni al destino en ironías…
Todos los años, luego de su chequeo médico de rutina, se jactaba frente a nosotros ignorantes pecadores, de su salud impecable gracias a su conducta y conocimientos sobre lo que uno debe hacer y lo que jamás debe probar.
Que golpe cuando ese año, los análisis mostraron  algo inexplicable e impensado! resultados solo atribuibles a alguien con una alimentación y una vida equivocada. No la de ella.
Se resistió a creerlo. Lo negó. Lo ocultó hasta el coma diabético y la cachetada incómoda de la insulina diaria.
Si antes debíamos tolerar sus lecciones sobre la vida sana y sus recompensas, ahora solo teníamos que contemplar su mutismo amargo sobre la injusticia de la vida misma.