Los borradores y las historias sin terminar me persiguen.
Me acechan y me enfrentan a mis debilidades y mis traumas.
No las termino. Están llenas de errores. Editar me agota mentalmente.
Los relatos terminados son tristes y poco esperanzadores: mi visión de la vida.
Ahí voy con mi tendencia a la ironía y al descreimiento.
La resignación: esa gran bandera de la que me enorgullezco y me hastío.
Como las dietas estrictas que cuesta cumplir, me propongo empezar el lunes o tal vez continuar con algunos de mis "hijos" abandonados en el camino.
Se que me esperan. Cobran vida cuando los releo...pobrecitos.
Volveré... Volveré...
sábado, 23 de marzo de 2013
miércoles, 27 de febrero de 2013
Sin papel, sin tinta, sin ganas.
Y ahora todos escribimos…
Yo me tomé unas vacaciones. Decido no castigarme por mi
pereza y mi falta de disciplina. Leí mucho. Leo mucho pero como leemos ahora:
picoteando en la web todo lo que aparece desordenadamente. Perdiendo el tiempo
o no. Yo soy de una generación culposa y nada más culposo que dejarse atrapar
por la web y saltar de sitio en sitio llenándo la cabeza de mucho y de nada.
No hago planes para el año. Creo que solo voy a flotar
cuando el agotamiento de mi trabajo rutinario y demandante me lo permita.
Escribir… tal vez. Cortito. Poquito. No se…sí se que no va a
haber inspiración espontanea y que a las ideas las voy a tener que buscar
revolviendo, revolviendo porque las muy
malditas no van a venir a visitarme. Este es un año sin ilusión. Quien
sabe, eso sea lo mejor…
viernes, 30 de noviembre de 2012
ESCENAS DE CULEBRÓN. (ejercicio)
ESCENA 3.
Genoveva camina apurada hasta detenerse sorprendida frente a
Irma.
G: (Con tono altivo que intenta ser amable) Irma! Que haces
acá? Tanto tiempo! A quien venís a ver?
I: Hola, como le va. Vine a ver (con voz casi quebrada) a un
ser querido.
G: (Sin disimulo. Sospechando la respuesta) Es tu hijo? Que
grande? Ya un muchacho…
I: (interrumpe) si es mi hijo. Bueno, un gusto (con un gesto
de despedida) nos vamos ya.
R: No. No nos vamos nada! (mirando fijo a G.) usted tiene
que saber toda la verdad.
I: Rufino, por favor. Que estás haciendo?
G: (firme pero serena) Está bien Irma. Es demasiado evidente
para ocultarlo. (Mirando a Rufino) yo
también soy una persona directa y frontal. Esta situación no me toma por
sorpresa… creo que en el fondo yo ya sabía… un hombre nunca está solo. Carlos
no sabía estar solo…
I: (con cierta timidez pero con convicción) pero lo estaba.
No lo tome a mal. No quiero faltarle el respeto ni lastimarla. (Dirigiéndose a
Rufino con firmeza) ni reclamar…
R: (interrumpiendo con vehemencia) Mamá dejame hablar a mi.
La señora entiende. Podemos hablar con honestidad y entendernos…
M: (interrumpe con impaciencia) Yo soy la que no entiende! (dirigiéndose
a su madre con tono acusador) que significa esto? Que papá llevaba una doble
vida y vos lo sabías? Que clase de
hipócritas fueron siempre? Como puedo respetarlos…
R: (indignado) a los muertos se los respeta!
I: (con tristeza) mirá lo que lograste Rufino. Para que? Si
ya no se puede cambiar lo que pasó.
G: Es verdad. No se puede cambiar nada ni volver atrás. No
puedo enojarme ahora por lo que no quise enfrentar en su momento. (A Mercedes)
yo sabía que el no era feliz conmigo pero no me animé a hacer nada. No es fácil…
yo… (A Irma) no tengo reproches…
R: pero nosotros sí…
I: (lo interrumpe) callate Rufino. No quiero que hables así.
No tenés porqué hacerlo en este momento y en este lugar! Acompañá a Merceditas
a tomar un poco de agua. Hace mucho calor acá. La señora y yo tenemos que
hablar solas.
ESCENA 4
(Se sientan lado a lado en un banco bajo un árbol. Comienzan a hablar sin mirarse)
G: No te imaginaba así, Irma. Tenía un vago recuerdo de una
chica muy calladita y tímida.
I: Si. Pero también siempre fui muy fuerte. (Con casi una
sonrisa nostalgiosa) Yo la recordaba a usted por sus zapatos y sus aros y
(duda) porque me daba miedo.
G: Por qué? Te trataba mal?
I: (con una sonrisa triste) no, si no se daba cuenta que yo
andaba por ahí. Usted no miraba a nadie.
No se. Eso parecía… que andaba enojada y aburrida.
G: Que caprichosa era cuando era joven. Pobre Carlos. Que te
decía de mi? Me odiaba?
I: (Con mucha compasión) no! El decía que usted pertenecía a
otro lugar. Un lugar donde el no quería
estar pero no quería que usted dejara de hacer lo que la hacía feliz.
G: (reflexiva) yo no sé cuando abandonamos el intento de
acompañarnos. Se que fui muy egoísta…
I: Ya pasó. Acá en el campo el estaba contento y estuvo
tranquilo hasta el final.
G: Pero y vos? (Con
curiosidad sin arrogancia ya) no querías casarte? No se lo pedías?
I: (Con gran seguridad) Yo no necesitaba nada porque lo
tenía a el y el me quería (se detiene incómoda) Todo lo demás no importa.
G: (con un dejo de ironía) Tu hijo no piensa igual. Está
resentido.
I: No. El está triste y lo extraña como yo.
G: Ninguno de los dos se merece sufrir. Carlos no lo hubiera
querido así.
I: (conciliadora) Su hija tampoco.
G: Ella siempre sufrió las consecuencias de mis decisiones.
Me gustaría que esto no la haga odiarme más todavía. Supongo que si algo debemos
aprender de esto es que es mejor hablar y aceptar la realidad sin juzgar
tanto. Si yo hubiera hablado con Carlos,
si lo hubiera intentado en vez de escapar…
I: No se quede mal. El no quería lastimarla tampoco. No
podía… pero se fue en paz. Yo estaba con él.
ESCENA 5
(En otro sector del cementerio)
M: (con tono antipático) No hace falta que me acompañes.
Estoy bien.
R: (Directo y firme) Tampoco hace falta que me hables así.
M: bueno, acabo de enterarme de algo horrible! Y yo…
R: (la interrumpe cortante) horrible por que?
M: Mi padre era un mentiroso además de no estar nunca
conmigo. Un falso… (Se quiebra)
R: (más amable) El me hablaba de vos…
M: (desconcertada) Que te decía? Que yo era una malcriada,
que no me soportaba y por eso jamás estaba conmigo?
R: No .nada de eso. Decía que ojalá de grande te empezara a
gustar el campo así ibas a quererlo un poco más.
M: (sorprendida) Un poco más? Pero si yo creía que el…
R: El pensaba que estabas un poco avergonzada de el. Decía que te estabas poniendo tan…
M: tonta?
R: No! Como diferente o complicada. No se.
M: Que feo que haya pensado eso! Que nunca hayamos hablado
francamente. Así como lo estoy haciendo ahora!
R: Conmigo lo hacía y a vos te quería mucho. No sabía como
acercarse nomás.
M: (emocionada pero a la defensiva) y vos? Que es lo que
querés?
R: (piensa un rato) que se respete su memoria y a nosotros
también que lo respetamos en vida.
M: Querés el campo?
R: si porque me corresponde como a vos.
M: El hubiera querido eso, te parece?
R: seguro! Es lo justo, además.
M: (con repentino entusiasmo) si. Si esta bien. Yo quiero conocerlo. Al campo,
digo, y de paso a el también. Quiero que me muestres todo lo que hacía. Lo que
le gustaba, lo que te contaba,…
R: Bueno, bueno. Vamos despacio. No hay apuro. Ya estás acá.
M: Si, ya estoy acá.
viernes, 16 de noviembre de 2012
CULINARIA
CULINARIA
Podría medir el tiempo y su paso vanidoso enumerando las
rutinas de la cocina y sus etapas en mi vida.
Cuando la estrené, sus cacharros y artefactos relucientes eran en su mayoría cuidadosos regalos de
casamiento. Entonces, la novedad la convertía en un juego o en una prueba.
Reconocía la imitación de lo que había visto y disfrutado en
otras, la de la infancia y las que me gustaban. Inevitablemente, la repetición
diaria muchas veces me trajo frustraciones y tedio. La obligación atenta contra
la diversión.
También podría confeccionar un anecdotario de situaciones
culinarias exitosas y penosas y así comprobar como va pasando la vida en mi
cocina.
Contar las veces que el orgullo quedó herido cuando la
comida no gustó y admitir que aún hoy, aunque la cocina no es el reino que una
mujer quiere conquistar, sigue siendo un desafío y una competencia no asumida como tal.
Podría revivir las
historias graciosas que se van propagando a medida que los hijos las toman
prestadas y las cuentan. Esas tragedias culinarias recordadas con carcajadas
pero que todavía me duelen.
La vez que vinieron esos amigos tan sofisticados y sibaritas
y yo les di unos canelones comprados incomibles. Una situación insalvable que aún
me persigue cuando los veo por ahí.
O el primer cumpleaños de mi hijo mayor con toda la familia y los
amigos. Había decidido hacer todo yo sola. Todas las tortas y lo demás. Una
hora antes del evento, un chaparrón malintencionado por la zinguería de la obra
sin terminar, inundó todas las delicias. Tiré cada una llorando y las reemplacé
rápidamente por artículos manufacturados industrialmente
y artificialmente y a nadie le importó.
Ahora mi preocupación pasa por la comida sana que los chicos
no quieren ni probar; por la pereza de pensar un menú diario al finalizar un día
agotador y por encontrarme cada noche frente a lo obvio y repetido sintiéndome
una pésima cocinera y una mala madre de paso.
Supongo que en el futuro me quedarán como recuerdos felices,
los tes con amigas acompañados de mis
contados logros dulces, los asados que preparamos con mi marido y a los que ya
les tomamos la mano y las recetas descubiertas por mi hija a las que me anima
con su intacta energía.
Intuyo que cuando ya no se escuche en esta cocina la odiosa
pregunta diaria, “Que hay de comer?” porque ya no haya nadie que la pronuncie,
añoraré esto que ahora quisiera evitar y que como todo también pasará.
sábado, 10 de noviembre de 2012
LA ÚLTIMA ESPERA
LA
ULTIMA
ESPERA
Es una galería soleada. Ellas están allí distribuidas en
manojos en sus sillones o sillas de ruedas con sus cuerpos vencidos y sus
miradas ausentes. Están las tranquilas, las ansiosas y las perdidas.
Unas enfermeras gordas se desplazan cansadas mientras las
vigilan y las ignoran.
Cuando abro la puerta, algunas levantan la mirada y buscan
la mía expectantes. Las saludo en
general y me alivia ver a las que me sonríen y se ponen alertas. Varias no
cambian su gesto vacío.
-Como están? Que calor! Va a llover.
- Como está afuera? Pregunta muy entusiasmada una que parece
empeñada en no desconectarse de la realidad cotidiana como las otras.
Pienso en frases incongruentes y casi todas definen este
lugar: La vida muerta, la dolorosa armonía y la sonrisa llena de llanto.
Este es el fin de sus días y la despedida. Esta última
espera en la galería soleada.
sábado, 3 de noviembre de 2012
MALEABLE
MALEABLE
Fui arcilla y ahora también y que suerte que en este momento
lo soy más.
Me gusta seguir siendo arcilla blanda, cambiante e
inacabada. Es lo que más me tranquiliza de esta vida: saber que hasta el final
hay posibilidad de nuevas formas. A veces claras y definidas; otras, retorcidas
e incomprensibles. Nunca rígida del todo. Se resquebrajaría.
Cuantas manos cuidadosas me moldearon aunque algunas no supieron y no pudieron.
Aprendí a esquivar las ásperas y torpes y ahora se reconocer
alfareros habilidosos que logran conformarme por un tiempo hasta que otras me
parecen mejores. Así puedo seguir transformando esto que soy. Esta arcilla tan
igual a las demás y sin embargo distinta.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Octubre soleado
OCTUBRE SOLEADO
Verde profundo,
Lustrado.
Generoso.
Placer y melancolía
derramados en perfumes y colores.
reencuentros puntuales
con amontonadas flores
Diminutas y las otras
Golosas trepadoras;
Explosivos arbustos
De colores pomposos
y profusa energía.
Alegría y añoranza se confunden
En abrazos aromáticos
Y se despiertan inmensas
Así de repente
Como un soleado día de octubre
Que se impone glorioso,
Ostentoso y dominante.
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