Clarita va a la reunion de catequesis familiar. Su marido no porque esta cansado. Hay otras mujeres que tambien estan solas, sus maridos tenian otros compromisos. Pero por supuesto, estan los matrimonios perfectos, amables, responsables, cariñosos entre si y con tanta fe cristiana y seguridad sobre lo que es correcto para sus hijos. Ahí estan tan satisfechos con ellos mismos derrochando obediencia y fidelidad como debe ser.
Hoy clarita se siente un poco agobiada. Lleva su secreto como un acoplado tan pesado, tan evidente que ni siquiera se esfuerza por ocultarlo y no participa activamente de la discusión.
“la cuaresma es una gran oportunidad de retomar nuestro camino de cristianos”
“debemos ayunar de todo aquello que nos aleja del camino.”
“es importante ofrecer un sacrificio. Algo que nos cueste mucho pero que luego nos hara sentir tan bien….”
Que sacrificio debe ofrecer clarita? Aceptar su vida como esta? No ir mas al curso de cine? Sacar de su mente a beltran….hasta cuando piensa su nombre siente una brisa calida en todo su cuerpo. ama ese nombre y todo lo que evoca y representa….
Clarita se obliga a volver a la charla .
“yo por ejemplo no puedo estar sin tomar café. Privarme de tomar café es algo que me ayuda a disciplinar mi cuerpo…..”
Clarita detesta a esa mujer.su ropa carisima, su camioneta familiar ultimo modelo, las pavadas hipócritas que dice despiertan en clarita un desprecio que trata de disimular….. esto es mucho. Siente deseos de escapar ya mismo. Nada la une a esta gente con la que ha estado por años.
Cuando termina la parte formal de la reunion y los hombres por su lado charlan animadamente y las mujeres olvidan sus intenciones cristianas y comienzan a criticar a otras madres no presentes, clarita se retira rauda.
En el auto se siente liberada, feliz, sola. Es temprano. camino a su casa pasa por la calle de beltran y porque el destino es un duende muy travieso, lo ve cruzar la calle. No piensa saludarlo pero su mano ya presiona la bocina y el gira la cabeza, la reconoce y se acerca con su amplia sonrisa y su voz calma,
“me viniste a visitar?”
“pero no!! Estoy volviendo a casa de una reunion y justo te vi…”
“ah! Bueno, igual te invito un café. Dale.”
“no. No. tengo que volver.”
“un ratito.”
“bueno.”
Hacia años habia leido una novela de danielle steel. Una gran estupidez melosa como la mayoria de las novelas que solia devorar a la hora de la siesta. En esta en particular, la protagonista tenia un amante bohemio, joven y buenmozo ademas de un marido rico, poco agraciado y distante. Salvando algunas diferencias, clarita se estaba metiendo en esa trillada novela. No queria.no queria eso para ella.
Aun asi la casa de beltran la invitaba y la envolvia tan amigablemente. habia tanto desorden, tanta vida expuesta sin temor. Espiaba los libros y las revistas tiradas al descuido, las fotos, los rastros de reuniones y conversaciones eternas que aun parecian dejar su alegre eco en cada rincón.
Sentarse en ese sillon lleno de almohadones no muy impecables la relajaba inmediatamente.
La charla discurria sin obstáculos. Clarita encontraba mágicamente todas las palabras para expresarse abiertamente.algo que no le ocurria con frecuencia. Se reian y volvian a tentarse por cosas que el podia compartir sin dificultad y sin pedir demasiadas explicaciones.
“tengo que irme”
“bueno”
“gracias”
La miro extrañado,divertido. Ya en la puerta simplemente la tomo en sus brazos y la beso largamente, sin apuro. Con una suavidad y una intensidad que clarita sintio se desarmaba y caia sin fuerzas.
Huyo sin dar ni pedir explicaciones. El sacrificio de cuaresma. La penitencia. El perdon. La resurrección de la carne. Su carne le pedia a gritos redimirse de una vez.
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