Sh Sh Sh
Busco un resto de energía y entro. Espero inútilmente unos instantes.
-
Bueno, comenzamos. Silencio, por favor.
Chirrido incesante de bancos y sillas. Caride y Morrone
siguen charlando de espaldas a mí. Villa y Jofré lanzan carcajadas en el fondo.
-
Sh Sh silencio. A sus lugares. Sh Sh
Rodone abre la puerta. Me explica sobre el bullicio dominante que tiene que
buscar su mochila pero que está presente y no llegó tarde. No llego a
responderle. Se va y la deja abierta.
-
Bueno. Sentados,
por favor.
Se acerca Maggi y me pregunta si puede ir a buscar su libro
al locker. Me freno cuando estoy por repetir por centésima vez en el año que
deben tener sus materiales.
¿Para qué lo haría? Nada tiene sentido.
-
Sh Sh. Vamos a comenzar con la guía de preguntas
que tenían de tarea.
-
Yo falté. Me dice Robledo moviendo sus puntas fucsias
bajo una melena amarilla casi fosforescente.
-
¿Pediste la tarea?
-
No.
Es inútil continuar esta
conversación cada vez más estéril en
este curso.
-
Compartí el trabajo con Carlés. Sh Sh Sh
¿todos tienen el texto?
-
¿Cuál?
Pregunta Di sarli y lo hace
seriamente.
No podía faltar
esa pregunta. La que podría hacerme
estallar y lograr unos segundos de silencio. Un espectáculo que puede captar la
atención de algunos por un ratito.
No lo hago.
-
Sh Sh Sh
Nos organizamos, por favor.
Sh Sh Sh. El sonido prohibido.
En las prácticas del profesorado nos bajaban la nota si lo
utilizábamos. Nos daban una larga explicación sobre lo antipedagógico y
desmotivante de ciertas actitudes.
“Jamás emitir ese sonido molesto y en extremo perturbador
para la situación pedagógica ideal. No
es la técnica correcta de retomar el control de una clase”. Decía la profesora
Grandinetti, de quién dependía nuestra última nota y el título. Todas asentíamos tomando nota en un silencio divino.
-
Se callan.
Grito.
Peor aún. Mi docencia
involuciona drásticamente hasta reducirse al primitivo,
Sh Sh Sh
Jofré levanta la
mano. Siento un asomo de esperanza.
-
¿Vas a responder la pregunta?
-
No. ¿Puedo ir al baño?
-
No. Esperá hasta el recreo.
Martinez está mandando un mensajito en su celular. En una
fracción de segundo pienso si lo ignoro y comienzo de una vez o lo mando a
firmar y sigo interrumpiendo este
calvario. Decido dejarlo pasar.
-
Rosales, respondé la primera pregunta de la
guía. Sh Sh Sh
-
No la hice porque no entendí.
-
¿Qué es lo que no entendiste exactamente?
-
Todo.
Risas y resoplidos diversos.
-
Sh Sh A
ver, quién puede responder la primera
pregunta. Ya la habíamos trabajado en clase.
Vidal levanta la mano y ante mi gesto de súplica
comienza a leer con una voz inaudible
detrás de tantas interferencias que la interrumpo.
-
¿Qué dijo? Un coro desafinado demanda impaciente.
-
¿Ponemos eso? Una queja de los que no tienen
idea.
-
No. Sh Sh Sh
Juarez le tira la cartuchera a
Muslera. Este le empuja la carpeta hasta
que cae del banco y se desparraman todas las hojas. Risas. Varios se levantan
para ver mejor el incidente. Los protagonistas se quejan simultáneamente
mientras me piden alguna absurda justicia.
-
Voy a darles diez minutos para que revisen y completen la guía y me la entregan. Lleva
nota. El que no entrega tiene un uno.
Estoy loca. No puedo corregir más este fin
de semana. Me castigo a mí misma una vez más queriendo castigarlos a ellos.
-¡Es injusto! Exclama Britos.
-Sh sh sh
Ahora sí rompo mentalmente todas las teorías
de todos los manuales de pedagogía.
Pero hay silencio por primera vez desde que
entré.
Camino hacia el fondo.
Mi audición ha disminuido como otras
capacidades pero sigo teniendo ese
radar afinado por los años y no se me
escapa cuando Robledo gira sus puntas fucsias hacia Carlés y le comenta:
-
Ah, ta re loca la mina.
-
ShShSh
repito, fingiendo haber escuchado
solo un murmullo.
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