jueves, 7 de agosto de 2014

El robo

Vea oficial. Le repito para que me comprenda.Está clarito. Yo sé quién fue.  Usted me dice que no hay pruebas y yo le repito que pruebas sobran.

Como dice en la libreta cívica que le entregué, mi nombre es Blas Pisuti. Tengo ochenta y cinco años.Soy orfebre y vivo en esta casa que es mi taller desde que nací.
Mi padre bajó del barco con catorce años y como ya traía el oficio de Umbría encontró trabajo rápidamente como ayudante en la orfebrería La Paz de la calle Talcahuano. Este terrno en la avenida Alvear  lo compró con sus ahorros. Imagínese lo bien que le iba y lo reconocido que era su tallado. No daba abasto con los pedidos de rastras y facones repujados en la mejor plata. Se consideraban  regalos  muy finos.
Yo aprendí su arte y lo continué con mucho orgullo. Nosotros conocíamos a todas las familias de los palacetes de la zona, Fieles clientes que nos confiaban sus pedidos para ocasiones importantes me entiende. Casamientos, bodas  de plata, cumpleaños .
¿Me comprende, oficial?  Nuestras piezas siempre fueron muy buscadas y valoradas.y para que le cuento los turistas. Miles han pasado por aquí. Elvira, mi señora, guardaba carpetas con fotos y registros de los artículos y los países a donde se los llevaban. Ahí están todavía en la repisa.
Mi hijo se dedicó a otra cosa. El decía que no tenía habilidad pero no tenía paciencia nomás. No quiero hablar de él. Cuando murió en el accidente  yo pensé que mi nieto Mauro se iba a acercar a mi. Que le iba a interesar mi arte y tal vez iba a querer cuntinuar el oficio de sus ancestros.  Pero no fue así.
Solo comenzó a visitarme hace unos años con su socio. Me entiende, no con su esposa como corresponde.  Cada vez que viene me dibuja numeritos en su computadora y me habla de negocios inmobiliarios  millonarios muy beneficiosos para mi supuestamente.
El es el ladrón. Se da cuenta. La última vez que vino cuando yo le volví a repetir que  de mi taller solo me voy al cementerio y ni un minuto antes, me dijo que estaba preocupado por mi seguridad. Que era peligroso estar aquí solo por los robos. Y claro, a los pocos días  me entraron.  Se llevaron piezas de exhibición, las más caras. Fue para asustarme y fue él.

¿Tiene alguna duda usted, oficial? A mi no me importa que mi nieto sea ladrón o que tenga inmobiliaria. Que viene a ser lo mismo.  Lo que me duele es que no respete mi voluntad y mi mundo que es este taller y  que se acaba conmigo. 

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