El robo
Vea oficial. Le repito para que me comprenda.Está clarito.
Yo sé quién fue. Usted me dice que no
hay pruebas y yo le repito que pruebas sobran.
Como dice en la libreta cívica que le entregué, mi nombre es
Blas Pisuti. Tengo ochenta y cinco años.Soy orfebre y vivo en esta casa que es
mi taller desde que nací.
Mi padre bajó del barco con catorce años y como ya traía el
oficio de Umbría encontró trabajo rápidamente como ayudante en la orfebrería La
Paz de la calle Talcahuano. Este terrno en la avenida Alvear lo compró con sus ahorros. Imagínese lo bien
que le iba y lo reconocido que era su tallado. No daba abasto con los pedidos
de rastras y facones repujados en la mejor plata. Se consideraban regalos muy finos.
Yo aprendí su arte y lo continué con mucho orgullo. Nosotros
conocíamos a todas las familias de los palacetes de la zona, Fieles clientes
que nos confiaban sus pedidos para ocasiones importantes me entiende.
Casamientos, bodas de plata, cumpleaños
.
¿Me comprende, oficial?
Nuestras piezas siempre fueron muy buscadas y valoradas.y para que le
cuento los turistas. Miles han pasado por aquí. Elvira, mi señora, guardaba
carpetas con fotos y registros de los artículos y los países a donde se los
llevaban. Ahí están todavía en la repisa.
Mi hijo se dedicó a otra cosa. El decía que no tenía
habilidad pero no tenía paciencia nomás. No quiero hablar de él. Cuando murió
en el accidente yo pensé que mi nieto
Mauro se iba a acercar a mi. Que le iba a interesar mi arte y tal vez iba a
querer cuntinuar el oficio de sus ancestros.
Pero no fue así.
Solo comenzó a visitarme hace unos años con su socio. Me
entiende, no con su esposa como corresponde.
Cada vez que viene me dibuja numeritos en su computadora y me habla de
negocios inmobiliarios millonarios muy
beneficiosos para mi supuestamente.
El es el ladrón. Se da cuenta. La última vez que vino cuando
yo le volví a repetir que de mi taller
solo me voy al cementerio y ni un minuto antes, me dijo que estaba preocupado
por mi seguridad. Que era peligroso estar aquí solo por los robos. Y claro, a
los pocos días me entraron. Se llevaron piezas de exhibición, las más
caras. Fue para asustarme y fue él.
¿Tiene alguna duda usted, oficial? A mi no me importa que mi
nieto sea ladrón o que tenga inmobiliaria. Que viene a ser lo mismo. Lo que me duele es que no respete mi voluntad
y mi mundo que es este taller y que se
acaba conmigo.
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