miércoles, 19 de septiembre de 2012

LECCIÓN GIRADA



Llevaba consigo su fracaso pero lo disimulaba con sus ironías y comentarios ácidos hacia todo lo que la rodeaba.
Ella sabía más que los demás. Criticaba de manera implacable. Juzgaba tan severamente que finalmente todo era un error en los otros siempre.
Que cosa. Todos  vivían  equivocados menos ella.
Su vida estaba ordenada perfectamente: su alimentación, sus actividades, sus horarios, su trabajo conformaban una estructura tenaz.
Inflexible y colérica si las situaciones se salían de su carril. También tenía la habilidad  de convertir todo lo que acontecía en algo negativo y perverso.
Sentenciaba ferozmente y sin compasión.
En una reunión familiar, por ejemplo, explicaba detalladamente por qué toda la comida  preparada y desplegada amorosamente por otras manos, era veneno para el cuerpo.
Nadie la contradecía y tal vez por eso a medida que pasaba el tiempo, se convencía más y más de sus verdades absolutas.
Sabía de su poder sobre sus más cercanos. Era algo con lo que contaba sin temor ya que todo en su actitud parecía indicar que sola estaba muy bien y no necesitaba a nadie llegado el caso.
El marido era callado. Festejaba intermitentemente sus chistes cínicos y asentía siempre distraído o autómata.
Nadie se exasperaba con ella ni con sus comentarios. Quizás  porque ella cubría la cuota de exasperación contra todo.

Pero nadie le gana a la vida ni al destino en ironías…
Todos los años, luego de su chequeo médico de rutina, se jactaba frente a nosotros ignorantes pecadores, de su salud impecable gracias a su conducta y conocimientos sobre lo que uno debe hacer y lo que jamás debe probar.
Que golpe cuando ese año, los análisis mostraron  algo inexplicable e impensado! resultados solo atribuibles a alguien con una alimentación y una vida equivocada. No la de ella.
Se resistió a creerlo. Lo negó. Lo ocultó hasta el coma diabético y la cachetada incómoda de la insulina diaria.
Si antes debíamos tolerar sus lecciones sobre la vida sana y sus recompensas, ahora solo teníamos que contemplar su mutismo amargo sobre la injusticia de la vida misma.
      

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