SU VENTANA
Desde la ventana enrejada con sus postigones verdes y sus pesadas cortinas de terciopelo, ella ha contemplado la calle siempre.
Conoce cada rincón del empedrado azul y cada detalle de los naranjos alineados: sus soldados exactos y predecibles en sus cambios de estación.
Sabe como caminan las sombras y se deslizan las manchas de luz brillante del sol en todas sus inclinaciones diarias.
También ha visto pájaros diversos y se alegra por los sobrevivientes valientes pero recuerda a los que han abandonado el intento.
Los autos fueron cambiando. Los ruidos, los colores y los tamaños pero no ha cambiado el empedrado que aún se burla de ellos en los resbalosos días de lluvia.
Las casas de en frente eran réplicas de la suya pero ya no. No hay allí ventanas coloniales que espejen su fachada. Ahora hay minúsculos locales que se inauguran con ilusión y al cabo de un corto lapso cierran y sus almas son eliminadas .Rápidamente son reemplazados por otros. Ninguno permanece y no parece haber preocupación ni nostalgia. Eso debe ser bueno.
Y la gente desde la ventana? Ella los ha visto a todos. A los niños saltando con sus guardapolvos a cuadros que luego pronto, muy pronto son jóvenes ceñudos que caminan fumando apurados con sus uniformes gastados.
La vida toda le ha pasado a ella y a los demás mientras observaba el escenario conocido y sus cíclicas escenografias.
Ya no sabe bien que vio y que imaginó año tras año tan quieta allí sentada en su silla, que acomodaban otros hasta que pudo hacerlo ella sola para ver pasar la vida por su ventana.

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