viernes, 30 de noviembre de 2012

ESCENAS DE CULEBRÓN. (ejercicio)



ESCENA 3.


Genoveva camina apurada hasta detenerse sorprendida frente a Irma.

G: (Con tono altivo que intenta ser amable) Irma! Que haces acá? Tanto tiempo! A quien venís a ver?

I: Hola, como le va. Vine a ver (con voz casi quebrada) a un ser querido.

G: (Sin disimulo. Sospechando la respuesta) Es tu hijo? Que grande? Ya un muchacho…

I: (interrumpe) si es mi hijo. Bueno, un gusto (con un gesto de despedida) nos vamos ya.

R: No. No nos vamos nada! (mirando fijo a G.) usted tiene que saber toda la verdad.

I: Rufino, por favor. Que estás haciendo?

G: (firme pero serena) Está bien Irma. Es demasiado evidente para ocultarlo. (Mirando a Rufino)  yo también soy una persona directa y frontal. Esta situación no me toma por sorpresa… creo que en el fondo yo ya sabía… un hombre nunca está solo. Carlos no sabía estar solo…

I: (con cierta timidez pero con convicción) pero lo estaba. No lo tome a mal. No quiero faltarle el respeto ni lastimarla. (Dirigiéndose a Rufino con firmeza) ni reclamar…

R: (interrumpiendo con vehemencia) Mamá dejame hablar a mi. La señora entiende. Podemos hablar con honestidad y entendernos…

M: (interrumpe con impaciencia) Yo soy la que no entiende! (dirigiéndose a su madre con tono acusador) que significa esto? Que papá llevaba una doble vida y vos lo sabías?  Que clase de hipócritas fueron siempre? Como puedo respetarlos…

R: (indignado) a los muertos se los respeta!

I: (con tristeza) mirá lo que lograste Rufino. Para que? Si ya no se puede cambiar lo que pasó.

G: Es verdad. No se puede cambiar nada ni volver atrás. No puedo enojarme ahora por lo que no quise enfrentar en su momento. (A Mercedes) yo sabía que el no era feliz conmigo pero no me animé a hacer nada. No es fácil… yo… (A Irma) no tengo reproches…

R: pero nosotros sí…

I: (lo interrumpe) callate Rufino. No quiero que hables así. No tenés porqué hacerlo en este momento y en este lugar! Acompañá a Merceditas a tomar un poco de agua. Hace mucho calor acá. La señora y yo tenemos que hablar solas.  
ESCENA 4


(Se sientan lado a lado en un banco bajo un árbol.  Comienzan a hablar sin mirarse)

G: No te imaginaba así, Irma. Tenía un vago recuerdo de una chica muy calladita y tímida.

I: Si. Pero también siempre fui muy fuerte. (Con casi una sonrisa nostalgiosa) Yo la recordaba a usted por sus zapatos y sus aros y (duda) porque me daba miedo.

G: Por qué? Te trataba mal?

I: (con una sonrisa triste) no, si no se daba cuenta que yo andaba por ahí. Usted no miraba a nadie.  No se. Eso parecía… que andaba enojada y aburrida.

G: Que caprichosa era cuando era joven. Pobre Carlos. Que te decía de mi? Me odiaba?

I: (Con mucha compasión) no! El decía que usted pertenecía a otro lugar. Un lugar  donde el no quería estar pero no quería que usted dejara de hacer lo que la hacía feliz.

G: (reflexiva) yo no sé cuando abandonamos el intento de acompañarnos. Se que fui muy egoísta…

I: Ya pasó. Acá en el campo el estaba contento y estuvo tranquilo hasta el final.

G: Pero y vos?  (Con curiosidad sin arrogancia ya) no querías casarte? No se lo pedías?

I: (Con gran seguridad) Yo no necesitaba nada porque lo tenía a el y el me quería (se detiene incómoda) Todo lo demás no importa.

G: (con un dejo de ironía) Tu hijo no piensa igual. Está resentido.

I: No. El está triste y lo extraña como yo.

G: Ninguno de los dos se merece sufrir. Carlos no lo hubiera querido así.

I: (conciliadora) Su hija tampoco.

G: Ella siempre sufrió las consecuencias de mis decisiones. Me gustaría que esto no la haga odiarme más todavía. Supongo que si algo debemos aprender de esto es que es mejor hablar y aceptar la realidad sin juzgar tanto.  Si yo hubiera hablado con Carlos, si lo hubiera intentado en vez de escapar…

I: No se quede mal. El no quería lastimarla tampoco. No podía… pero se fue en paz. Yo estaba con él.




 ESCENA 5

(En otro sector del cementerio)

M: (con tono antipático) No hace falta que me acompañes. Estoy bien.

R: (Directo y firme) Tampoco hace falta que me hables así.

M: bueno, acabo de enterarme de algo horrible! Y yo…

R: (la interrumpe cortante) horrible por que?

M: Mi padre era un mentiroso además de no estar nunca conmigo. Un falso… (Se quiebra)

R: (más amable) El me hablaba de vos…

M: (desconcertada) Que te decía? Que yo era una malcriada, que no me soportaba y por eso jamás estaba conmigo?

R: No .nada de eso. Decía que ojalá de grande te empezara a gustar el campo así ibas a quererlo un poco más.

M: (sorprendida) Un poco más?  Pero si yo creía que el…

R: El pensaba que estabas un poco avergonzada de el.  Decía que te estabas poniendo tan…

M: tonta?

R: No! Como diferente o complicada. No se.

M: Que feo que haya pensado eso! Que nunca hayamos hablado francamente. Así como lo estoy haciendo ahora!

R: Conmigo lo hacía y a vos te quería mucho. No sabía como acercarse nomás.

M: (emocionada pero a la defensiva) y vos? Que es lo que querés?

R: (piensa un rato) que se respete su memoria y a nosotros también que lo respetamos en vida.

M: Querés el campo?

R: si porque me corresponde como a vos.

M: El hubiera querido eso, te parece?

R: seguro! Es lo justo, además.

M: (con repentino entusiasmo)  si. Si esta bien. Yo quiero conocerlo. Al campo, digo, y de paso a el también. Quiero que me muestres todo lo que hacía. Lo que le gustaba,  lo que te contaba,…

R: Bueno, bueno. Vamos despacio. No hay apuro. Ya estás acá.

M: Si, ya estoy acá.




viernes, 16 de noviembre de 2012

CULINARIA



CULINARIA


Podría medir el tiempo y su paso vanidoso enumerando las rutinas de la cocina y sus etapas en mi vida.
Cuando la estrené, sus cacharros y artefactos relucientes  eran en su mayoría cuidadosos regalos de casamiento. Entonces, la novedad la convertía en un juego o en una prueba.
Reconocía la imitación de lo que había visto y disfrutado en otras, la de la infancia y las que me gustaban. Inevitablemente, la repetición diaria muchas veces me trajo frustraciones y tedio. La obligación atenta contra la diversión.
También podría confeccionar un anecdotario de situaciones culinarias exitosas y penosas y así comprobar como va pasando la vida en mi cocina.
Contar las veces que el orgullo quedó herido cuando la comida no gustó y admitir que aún hoy, aunque la cocina no es el reino que una mujer quiere conquistar, sigue siendo un desafío y una competencia  no asumida como tal.
Podría  revivir las historias graciosas que se van propagando a medida que los hijos las toman prestadas y las cuentan. Esas tragedias culinarias recordadas con carcajadas pero que todavía me duelen.
La vez que vinieron esos amigos tan sofisticados y sibaritas y yo les di unos canelones comprados incomibles. Una situación insalvable que aún me persigue cuando los veo por ahí.
O el primer cumpleaños de  mi hijo mayor con toda la familia y los amigos. Había decidido hacer todo yo sola. Todas las tortas y lo demás. Una hora antes del evento, un chaparrón malintencionado por la zinguería de la obra sin terminar, inundó todas las delicias. Tiré cada una llorando y las reemplacé  rápidamente  por artículos manufacturados industrialmente y artificialmente y a nadie le importó.
Ahora mi preocupación pasa por la comida sana que los chicos no quieren ni probar; por la pereza de pensar un menú diario al finalizar un día agotador y por encontrarme cada noche frente a lo obvio y repetido sintiéndome una pésima cocinera y una mala madre de paso.
Supongo que en el futuro me quedarán como recuerdos felices, los tes con amigas acompañados de  mis contados logros dulces, los asados que preparamos con mi marido y a los que ya les tomamos la mano y las recetas descubiertas por mi hija a las que me anima con su intacta energía.
Intuyo que cuando ya no se escuche en esta cocina la odiosa pregunta diaria, “Que hay de comer?” porque ya no haya nadie que la pronuncie, añoraré esto que ahora quisiera evitar y que como todo también pasará. 


   

sábado, 10 de noviembre de 2012

LA ÚLTIMA ESPERA



LA ULTIMA ESPERA

Es una galería soleada. Ellas están allí distribuidas en manojos en sus sillones o sillas de ruedas con sus cuerpos vencidos y sus miradas ausentes. Están las tranquilas, las ansiosas y las perdidas.
Unas enfermeras gordas se desplazan cansadas mientras las vigilan y las ignoran.
Cuando abro la puerta, algunas levantan la mirada y buscan la mía  expectantes. Las saludo en general y me alivia ver a las que me sonríen y se ponen alertas. Varias no cambian su gesto vacío.
-Como están? Que calor! Va a llover.
- Como está afuera? Pregunta muy entusiasmada una que parece empeñada en no desconectarse de la realidad cotidiana como las otras.
Pienso en frases incongruentes y casi todas definen este lugar: La vida muerta, la dolorosa armonía y la sonrisa llena de llanto.
Este es el fin de sus días y la despedida. Esta última espera en la galería soleada. 



sábado, 3 de noviembre de 2012

MALEABLE



MALEABLE


Fui arcilla y ahora también y que suerte que en este momento lo soy más.
Me gusta seguir siendo arcilla blanda, cambiante e inacabada. Es lo que más me tranquiliza de esta vida: saber que hasta el final hay posibilidad de nuevas formas. A veces claras y definidas; otras, retorcidas e incomprensibles. Nunca rígida del todo. Se resquebrajaría.
Cuantas manos cuidadosas me moldearon  aunque algunas no supieron y no pudieron.
Aprendí a esquivar las ásperas y torpes y ahora se reconocer alfareros habilidosos que logran conformarme por un tiempo hasta que otras me parecen mejores. Así puedo seguir transformando esto que soy. Esta arcilla tan igual a las demás y sin embargo distinta.