SABADO A LA NOCHE
Eli llegó a
la parada pensando que lo bueno del sábado era que el colectivo siempre estaba
casi vacío así que iba a viajar sentada y tranquila. Lo malo era que los
sábados pasaba con menos frecuencia y se iba a comer un largo plantón
esperándolo.
El pibe
llego al rato y esperó en silencio mirando su celular continuamente. Por lo
menos estaba acompañada. Igual estaba de buen humor a pesar del cansancio.
Mañana domingo tenía franco. Se lo había cambiado a Mirta. Qué raro un domingo
en casa. Desde que había empezado a laburar en el geriátrico hacía como cuatro
años su día de franco era el martes. Los otros seis días de ocho de la mañana a
ocho de la noche encerrrada fregando ese
olor a pis de vieja que lo invadía todo y que a ella le parecía se le quedaba
encima. Se olió la campera distraídamente.
Por ahí
podía comprar un poco de asado mañana.tirarlo a la parrilla y comer al sol en
el patio con la Yani. Estaría bueno. Pero mejor no gastar guita y menos mencionar
el tema. La Yani la mataba si se llegaba a enterar que le había dado todo el
aguinaldo a Miguelito Frias, su ex pareja. Es que él le había rogado llorando porque estaba con
una deuda jodida. Sería lo último que le iba a dar. Ya fue. La Yani había
estado bien cuando lo rajó a la mierda de la casa con la policía y todo. No era
malo el Miguelito pero tan vago y
mentiroso. Por lo menos nunca le habia
pegado a ella ni la había tocado a la Yani. Algo es algo.
Que suerte
que la tenía a la Yani.Tan inteligente. tan viva. Hasta ya estaba terminando la
secundaria y daba un montón de clases particulares a las pibas brutas de la
cuadra. Que orgullo. Justo en ese momento le mandó un wassap diciendo que le
dejaba una pizza preparada porque se iba a un quince. Después le mandaba fotos.
Tan linda también.
Llegó el
bondi. El pibe carraspeó y le hizo un gesto para que subiera primero. Que
educado el chabón. Eli puso la SUBE , pidió dos boletos y le guiñó un ojo. Fue
un impulso. Porque sí. Porque él había sido educado con ella y porque le hacía
acordar al Brian que siempre había sido bueno con la gente a pesar de todo. No
sabía dónde andaba ahora. La Yani le contó que se había enterado por el Face
que estaba laburando para un barra y que capaz lo llevaban a Brasil al mundial
y todo. Ojalá no se metiera en ningún quilombo pobre. Que la pase bien, deseó
Eli. Con la infancia de mierda que había tenido con ella tan pendeja y sola. Él
siempre queriendo saber sobre su papá. ¿Que le iba a decir? Que además de tarjetero del boliche, se hacia
el vivo y vendía merca. Terminó preso enseguida el boludo. Ya fue. Nunca le
contó al final.
El pibe se
sentó al lado de ella. ¿Habrá pegado onda el pendejo? “Salí. Si estoy un
desastre”. Pensó Eli. Se sonrieron. Él tenía una mochila negra
brillosa con un logo de un caballo
blanco. Estaba buena. Parecía nueva.
Eli estaba
por darle charla para pasar el rato, total…
así que para romper el hielo le iba a preguntar dónde la había
comprado. Justo el pibe estaba abriendo
el cierre despacio. Capaz le convidaba un caramelo o una galletita en
agradeciemiento por haberle regalado el boleto. Pero no.
De la mochila sacó un fierro. Se paró
tranquilo y sin apuntar a nadie en especial dijo con voz finita medio de pito:
“Me dan los
celulares y las billeteras rapidito y no pasa nada.Vos quieto gato que ya me
bajo” le gritó al chofer.
“Vos no
mami. Vos zafás” y le guiñó un ojo a
Eli.
En menos de
un minuto ya estaba afuera con ocho celulares y otras tantas billeteras
trepándose a una moto que lo esperba en la esquina.
“Todos bien”
preguntó el chofer. “Nos desviamos , hacemos la denuncia en la comisaría de la
avenida y seguimos.”
“Dale” le
gritaron de atrás.
Eli había
zafado así que ya que iban a la avenida, se tomaba el bondi cartel azul y por ahí
hasta llegaba más rápido a su casa. Era sábado a la noche y una noche con
suerte. Casi.