ESCENA 3.
Genoveva camina apurada hasta detenerse sorprendida frente a
Irma.
G: (Con tono altivo que intenta ser amable) Irma! Que haces
acá? Tanto tiempo! A quien venís a ver?
I: Hola, como le va. Vine a ver (con voz casi quebrada) a un
ser querido.
G: (Sin disimulo. Sospechando la respuesta) Es tu hijo? Que
grande? Ya un muchacho…
I: (interrumpe) si es mi hijo. Bueno, un gusto (con un gesto
de despedida) nos vamos ya.
R: No. No nos vamos nada! (mirando fijo a G.) usted tiene
que saber toda la verdad.
I: Rufino, por favor. Que estás haciendo?
G: (firme pero serena) Está bien Irma. Es demasiado evidente
para ocultarlo. (Mirando a Rufino) yo
también soy una persona directa y frontal. Esta situación no me toma por
sorpresa… creo que en el fondo yo ya sabía… un hombre nunca está solo. Carlos
no sabía estar solo…
I: (con cierta timidez pero con convicción) pero lo estaba.
No lo tome a mal. No quiero faltarle el respeto ni lastimarla. (Dirigiéndose a
Rufino con firmeza) ni reclamar…
R: (interrumpiendo con vehemencia) Mamá dejame hablar a mi.
La señora entiende. Podemos hablar con honestidad y entendernos…
M: (interrumpe con impaciencia) Yo soy la que no entiende! (dirigiéndose
a su madre con tono acusador) que significa esto? Que papá llevaba una doble
vida y vos lo sabías? Que clase de
hipócritas fueron siempre? Como puedo respetarlos…
R: (indignado) a los muertos se los respeta!
I: (con tristeza) mirá lo que lograste Rufino. Para que? Si
ya no se puede cambiar lo que pasó.
G: Es verdad. No se puede cambiar nada ni volver atrás. No
puedo enojarme ahora por lo que no quise enfrentar en su momento. (A Mercedes)
yo sabía que el no era feliz conmigo pero no me animé a hacer nada. No es fácil…
yo… (A Irma) no tengo reproches…
R: pero nosotros sí…
I: (lo interrumpe) callate Rufino. No quiero que hables así.
No tenés porqué hacerlo en este momento y en este lugar! Acompañá a Merceditas
a tomar un poco de agua. Hace mucho calor acá. La señora y yo tenemos que
hablar solas.
ESCENA 4
(Se sientan lado a lado en un banco bajo un árbol. Comienzan a hablar sin mirarse)
G: No te imaginaba así, Irma. Tenía un vago recuerdo de una
chica muy calladita y tímida.
I: Si. Pero también siempre fui muy fuerte. (Con casi una
sonrisa nostalgiosa) Yo la recordaba a usted por sus zapatos y sus aros y
(duda) porque me daba miedo.
G: Por qué? Te trataba mal?
I: (con una sonrisa triste) no, si no se daba cuenta que yo
andaba por ahí. Usted no miraba a nadie.
No se. Eso parecía… que andaba enojada y aburrida.
G: Que caprichosa era cuando era joven. Pobre Carlos. Que te
decía de mi? Me odiaba?
I: (Con mucha compasión) no! El decía que usted pertenecía a
otro lugar. Un lugar donde el no quería
estar pero no quería que usted dejara de hacer lo que la hacía feliz.
G: (reflexiva) yo no sé cuando abandonamos el intento de
acompañarnos. Se que fui muy egoísta…
I: Ya pasó. Acá en el campo el estaba contento y estuvo
tranquilo hasta el final.
G: Pero y vos? (Con
curiosidad sin arrogancia ya) no querías casarte? No se lo pedías?
I: (Con gran seguridad) Yo no necesitaba nada porque lo
tenía a el y el me quería (se detiene incómoda) Todo lo demás no importa.
G: (con un dejo de ironía) Tu hijo no piensa igual. Está
resentido.
I: No. El está triste y lo extraña como yo.
G: Ninguno de los dos se merece sufrir. Carlos no lo hubiera
querido así.
I: (conciliadora) Su hija tampoco.
G: Ella siempre sufrió las consecuencias de mis decisiones.
Me gustaría que esto no la haga odiarme más todavía. Supongo que si algo debemos
aprender de esto es que es mejor hablar y aceptar la realidad sin juzgar
tanto. Si yo hubiera hablado con Carlos,
si lo hubiera intentado en vez de escapar…
I: No se quede mal. El no quería lastimarla tampoco. No
podía… pero se fue en paz. Yo estaba con él.
ESCENA 5
(En otro sector del cementerio)
M: (con tono antipático) No hace falta que me acompañes.
Estoy bien.
R: (Directo y firme) Tampoco hace falta que me hables así.
M: bueno, acabo de enterarme de algo horrible! Y yo…
R: (la interrumpe cortante) horrible por que?
M: Mi padre era un mentiroso además de no estar nunca
conmigo. Un falso… (Se quiebra)
R: (más amable) El me hablaba de vos…
M: (desconcertada) Que te decía? Que yo era una malcriada,
que no me soportaba y por eso jamás estaba conmigo?
R: No .nada de eso. Decía que ojalá de grande te empezara a
gustar el campo así ibas a quererlo un poco más.
M: (sorprendida) Un poco más? Pero si yo creía que el…
R: El pensaba que estabas un poco avergonzada de el. Decía que te estabas poniendo tan…
M: tonta?
R: No! Como diferente o complicada. No se.
M: Que feo que haya pensado eso! Que nunca hayamos hablado
francamente. Así como lo estoy haciendo ahora!
R: Conmigo lo hacía y a vos te quería mucho. No sabía como
acercarse nomás.
M: (emocionada pero a la defensiva) y vos? Que es lo que
querés?
R: (piensa un rato) que se respete su memoria y a nosotros
también que lo respetamos en vida.
M: Querés el campo?
R: si porque me corresponde como a vos.
M: El hubiera querido eso, te parece?
R: seguro! Es lo justo, además.
M: (con repentino entusiasmo) si. Si esta bien. Yo quiero conocerlo. Al campo,
digo, y de paso a el también. Quiero que me muestres todo lo que hacía. Lo que
le gustaba, lo que te contaba,…
R: Bueno, bueno. Vamos despacio. No hay apuro. Ya estás acá.
M: Si, ya estoy acá.
















