miércoles, 19 de noviembre de 2014

ONÍRICO TOTAL.

El mozo enano nos miró e hizo un gesto impaciente, “No hay nada” nos dijo y amagó a irse.
Oliver lo detuvo, “¿No podemos tomar algo? Cualquier cosa.”
“No hay nada.” Nos respondió y se quedó esperando que tomáramos alguna decisión.
“Agua, por favor” insistí.
“No hay nada” repitió y se fue por la puerta  del fondo.
Había botellas alineadas detrás del mostrador.  Pensé que Oliver iba a agarrar alguna pero con paso firmé siguió al enano por la puerta.
Yo necesitaba tomar agua o cualquier líquido. Mi boca estaba reseca y me sentía mareado como sofocado.
Había otra puerta  a la derecha del salón. Tenía que ser el baño. Caminé despacio, la abrí y en la oscuridad maloliente, descubrí un lavatorio descascarado y un inodoro sin tapa. Se escuchaba agua correr como si estuviera el depósito roto.
Giré la canilla sabiendo que no saldría agua. Típico. Nada de nada. Volví al salón.  Oliver no había regresado pero  era tan intensa la sed que tenía que no podía pensar en otra cosa.
Sobre el mostrador, a un costado había una botella verde de gaseosa de dos litros abierta y llena hasta la mitad. Me precipité sobre ella y cuando la estaba empinando, un olor punzante me golpeó la cara.  Era lavandina.
Volví sobre las botellas alineadas en un estante con un espejo detrás que las reproducía confusamente.  Tomé la primera. Una marrón de algún licor cremoso, quizás.
No logré beber porque no era líquido lo que contenía. Era algo gelatinoso pero consistente. La estrellé contra el piso y a las demás también. Todas eran engañosos adornos multicolores.  Comencé a pisar  esa sustancia gelatinosa que se deslizaba entre los vidrios rotos pero no se derretía ni cambiaba su estado.
Sentía que me estaba resecando por dentro. No solo la boca y la garganta. Todo mi interior crujía y se agrietaba.  Ya no tenía saliva.
El mozo enano estaba parado en la puerta del fondo espantándose moscardones  con su trapo sucio.
“Agua” le supliqué.
“No hay”
“¿Y Oliver?  Mi amigo.”
“Acá no está” se encogió de hombros  y volvió a la cocina. 
Intentaba comprender o planear algo sensato pero la sed me quitaba todas las ideas y las fuerzas.
Retorné al baño y apoyé la cara sobre la pared. El agua estaba ahí detrás  corriendo libremente.  Golpee con los puños, arranqué la tapa del depósito y metí la mano.
Estaba seco. El agua que corría a borbotones no estaba o  estaba en mi mente entonces.
Me arrastré hasta la cocina. Mientras pensaba posibles fuentes de líquido: Hielo, frutas, verduras, vinagre. Algo iba a encontrar.
La cocina era un cuadrado pequeño atiborrado de elementos.  La heladera bajo una mesada estaba abierta y vacía. Los estantes solo contenían vajilla apilada, paneras, fuentes metálicas ruidosas.
En un cajón había cientos de sobrecitos.  Comencé a desgarrarlos  sin leer lo que contenían.  Sal, azúcar, edulcorante en polvo.
“Se lo dije. No hay” El enano ahora caminaba desde la puerta con un balde lleno de vidrios rotos.
Me desmayaba en ese piso pegajoso  o salía con mi último resquicio de energía.
Me  movía como en cámara lenta sintiendo que no lograría atravesar la puerta del parador. Cuando pude hacerlo,  vi que Oliver estaba junto al auto hablando por celular.
Cortó,  me miró y dijo, “Al fin. ¿Que hacías? Este lugar no tiene nada. Vámonos. “
Subí  al auto y pensé explicarle lo que me había ocurrido pero la música y el ruido del motor me agobiaron.  Abrí la boca contra el viento seco que entraba por la ventanilla y cerré los ojos con fuerza. No pensaba abrirlos hasta que llegáramos.




martes, 4 de noviembre de 2014

OJOS EN LA BOCA DE TORMENTA

Dejan atrás la zona de fábricas y luego la de quintas.  En la ruta ya no hay camiones y casi ningún auto.
Pasan un cruce con varios carteles  indicadores de ciudades y distancias y entonces el viaje parece realmente comenzar allí; en esa solitaria carretera que kilómetro a kilómetro se torna más descuidada y desprovista de toda señalización.
Carlos le indica a Marcelita los sembrados y los cultivos a ambos lados de la ruta. Repite que el lugar al que van es increíble. Usa esa palabra cada vez que menciona el destino de este viaje.
“¿Cómo sabés?” Pregunta Marcelita
“Y porque vi fotos y lo conozco al gordo. Sé cómo le gusta vivir. Nunca en tu vida viste un lugar así. Vas a ver. “
“¿Pero fuiste alguna vez?”
“¿Qué tiene que ver? Ya te dije que vi fotos. ¿Sos estúpida?”
Silencio en la ruta desierta que se desliza bajo un sol brillante y enceguecedor. Pasan un par de horas , los cultivos desaparecen y son reemplazados por pastizales.

“¿Trajiste un mapa?”  Reclama Carlos bajando la velocidad.
“No.no me pediste que trajera uno y como dijiste que el GPS era un gasto que no valía la pena, pensé…”
“Tengo que pensar yo en todo. Con todas las boludeces que tenés siempre encima, se te podría haber ocurrido. “
Silencio.Un nuevo cruce de rutas sin ninguna indicación.
“¿Este es el segundo o el tercer cruce?”
“No sé. “
Carlos resopla.
“Bueno, sigo derecho porque el camino que cruza es de ripio. No me lo mencionó el gordo y él sabe que en el ripio no meto este coche ni loco.”
De pronto a la derecha de la carretera aparece un arco de cemento pintado  y un cartel semi caído en el que aún se lee “Loteo”  y entre las manchas de óxido,  “Barrio cerrad “ “Increíble oportu”
“Paremos acá y preguntemos.Capaz hay alguien.”  Propone Carlos mientras estaciona bajo el portal descascarado.
“¿Vamos caminando?” 
“Y sí idiota.No ves que es un camino de tierra lleno de pozos. ¿Querés que haga mierda el auto?”
“Pero no hay nada.Esto está abandonado.” Insiste ella.
“Seguro hay un obrador con un cuidador o algo. Usá la cabeza alguna vez.”
Silencio mientras avanzan por el angosto camino de tierra entre charcos y yuyos.
Cada diez metros se ven pilares para cajas de electricidad pero no están conectados a nada. También hay unas bocas de tormenta demasiado grandes y enrejadas al finalizar lo que supuestamente sería cada cuadra.
“Siempre les tuve miedo a las bocas de tormenta”, dice Marcelita de repente. “ Cuando era chica pensaba que podían tragarme y  más grande que se me caería algo muy  importante y no podría recuperarlo nunca. Hasta tuve pesadillas  repetidas con eso.”
“¡Pero que boludez! Estas no son profundas. Mirá.”
Carlos introduce una rama que arranca de un arbusto seco.  Algo lanza un destello desde el fondo.
“¿Qué es eso?” 
“Son piedritas, tonta. Mica o algo parecido que brilla con el reflejo del sol.”
Ella se asoma apenas.
“Parecen ojos.”
“Uh, bue. Si vas a empezar con tus estupideces de traumada…”
Carlos se para sobre la reja y le da la espalda.
“Hagamos esto. No quiero dejar el coche solo. Así que vos andá hasta esa loma de allá y fijate que hay.  Yo me quedo cuidando el coche. Dejame tu celular a ver con cuál engancho señal y apurate.”
“Pero no debe haber nada.”
“¿Cómo sabés? Podés colaborar un poco?”
Marcelita camina mirando de reojo las bocas de tormenta. Percibe centelleos  como ojos que le guiñan cómplices.
Camina más rápido, trepa la loma y observa. Solo hay yuyales marchitos.
Se da vuelta. Desde allí, el auto colorado es un pequeño punto brillante en la distancia que le marca el camino de retorno.
Se apura. No quiere acercarse a las bocas de tormenta pero no puede evitar la atracción que le generan.  Al llegar a la última antes de cruzar el portal de entrada, se asoma  con cuidado. Sí, son piedritas lo que se ve en el fondo pero acá hay unas más oscuras y ovaladas color verdoso. Le recuerdan a  los ojos de Carlos. Hasta parece que tuvieran expresión.Una expresión alterada  y confusa.
No debe pensar esas pavadas se dice a sí misma y corre el último tramo hasta el auto.
Carlos no está ni adentro ni alrededor. Se acomoda  en el asiento del conductor. Los celulares están en el buche del costado y las llaves puestas.
Gira la llave, le da arranque  y retorna suavemente a la carretera mientras reflexiona que Carlos va a encontrar la manera de llegar a lo de su amigo porque siempre sabe qué hacer y no piensa pavadas como ella.
Hay un resplandor  en el espejo retrovisor que enmarca la sonrisa y los ojos de Marcelita que lucen como piedritas brillantes. 






miércoles, 15 de octubre de 2014

AGUAS  PROFUNDAS

Mi querido Arthur,
                              Siento que mi mente más que nunca se está deslizando de manera irreversible hacia aguas más profundas y oscuras que las habituales.  Pronto ya no recordaré ni reconoceré lo que me rodea. Antes de que ello ocurra definitivamente, quiero dejarte esta carta sin una intención muy clara.Tal vez para pedirte perdón o para agradecerte por todos estos años juntos.
                            Uno no ama a quien quisiera y esa es una verdad que nos atañe a ambos. Tu merecías un amor intenso y profundo de mi parte y yo solo pude brindarte gratitud y cariño. Muchas veces lamenté que te conformaras con esto.
                            Fueron décadas preguntándome día tras día por qué seguíamos esta serena manera de acompañarnos sin molestarnos. ¿Fuimos egoistas y cobardes, Arthur? No lo sé.
                            Cuando por las mañanas me acompañabas al lago, yo comprendía que ese gesto representaba lo que eramos.  Tu paciente y  silencioso observador en la orilla, yo penetrando aguas oscuras y prufundas  muchas veces  queriendo no  volver a la superficie.  Lo hacía solo para ver el alivio en tu rostro. Ese pacto mudo que nos ha unido todos estos años.
                             Tu lo sabes. Yo no voy a explicarte lo que hay en mi memoria ni en mi alma. Ese pozo insondable al que nunca pudiste llegar  y aún así me amaste igual.
                            No puedo más que admirarte y confirmarte que sin la paz que conocí a tu lado, yo no hubiera sido capaz de sobrevivir tantos años.
                           Gracias por siempre,
                                                               Lotte


miércoles, 24 de septiembre de 2014

El paquete.

Esa navidad cuando tenía ocho  años, el juego de creer en Papá Noel estaba llegando a su fin aunque yo tratara de estirarlo y mis padres, a su manera,  también.
Los días previos hacía mucho calor y La luz se cortaba  todo el tiempo. El día 19  Celsa,la  empleada, se fue a Paraguay sin avisar  como le decía mamá a cada persona con la que hablaba por teléfono.   todos esos  días mis padres se gritaban y nos gritaban sin ninguna razón que ,a mí por lo menos, me resultara clara.
Me dolía que ellos no mostraran el mismo entusiasmo y excitación que nos invadía a mis hermanos y a mí a medida que se aproximaba la fecha.
El día 21 o 22 como a las tres de la tarde, mamá llegó cargada de bolsas y paquetes y los dejó descuidadamente bajo el árbol. Salimos de la pelopincho pisando charcos de barro y resbalando en las baldosas de la galería para poder ver qué había traído. Uno de sus gritos agudos nos paralizó: “Ni se les ocurra. El que toque algo de acá, no recibe ni un regalo el 24.”
Elena, desafiante,  le contestó, “pero si Papa Noel viene el 24 a la medianoche.”
“Por eso. Si quieren que venga ni se acerquen al árbol. Y no entren con barro porque los mato.”
Me hubiera gustado que se expandiera en su explicación sobre Papá Noel, sus horarios y condiciones pero no era el momento para pedir un poco de magia que ese diciembre se estaba evaporando como las gotitas de agua en mi piel apenas salía de la pileta.
Cuando mamá subió a su cuarto, Elena la temeraria, fue directo al árbol y agarró cada uno de los paquetes  sin apuro ni temor y leyó todas  las tarjetitas con forma de campanita o galletita de gengibre. Yo temblaba sin control pensando que  si mamá bajaba y la veía, la ibamos a pasar muy mal.  
 Pero finalmente Elena  Volvió a la galería y me dijo “ya sé cual es mi regalo y el tuyo también. Es el grande ese que parece una bolsa llena de ropa sucia. El que está envuelto en papel blanco.”
El tamaño era prometedor. Tan grande. Que podía ser? No era una caja. No tenía bordes ni puntas. Parecía que guardaba algo blando y sin forma.  “Es pesado?” le pregunté. “Andá a fijarte maricona.”
No fui.
Esa noche papá vino a apagar la luz de mi cuarto. Me sonrió apenas desde la puerta. Se notaba que tenía calor y estaba cansado pero como él no nos gritaba tanto como mamá, arremetí  con uno de esos temas que los chicos saben son puras fantasías pero insisten y los padres responden porque no sé quién tiene más pena por quién.
“Papá Noel va a venir el 24 a la medianoche?”
“sí claro. Si te portás bien. “
Qué creativo. Pobre.
“Pero en el árbol ya están los regalos para nosotros. Vino antes?
“puede ser. Tiene que organizarse.”
“Y vos sabés que me trajo?”
“Tiene que ser una sorpresa. Si te digo, se rompe la magia.”
Lo dejé en paz pero esa noche tuve varias pesadillas. En una, mis hermanos, Elena y Hernán, me metían en una bolsa blanca y hacían un nudo. Cuando sentía que ya no podía respirar más, mis padres abrían la bolsa y primero se reían y después lloraban.
Me desperté muy angustiada y me alivió ver que varios otros regalos habían ocultado la bolsa con el enorme  paquete blanco  sin forma.
La cena de nochebuena se hizo eterna como siempre. La medianoche no llegaba más. Pero cuando al fin todos brindaron , se saludaron y abrazaron,   nos dejaron ir a abrir los regalos.
Me acerqué y toqué el papel. Iba a dejarlo un rato  sin abrir mientras lo miraba más detenidamente  pero noté  que mamá me miraba mientras se acercaba  desde la galería con una sonrisa expectante.
Rasgué el papel y tardé en  comprender lo que era. Sabiendo que mi madre seguía observandome, le sonreí y con una entonación parecida a la que tantas veces le había escuchado a ella, le dije,  “Que lindo.  Justo lo que necesitaba. Un cubrecama porque el mío ya no da más. Qué práctico Papa Noel.”
Mientras mamá me preguntaba si me gustaba el estampado “liberty”, yo intentaba aceptar con resignación   el fin de la magia y el comienzo de algo muy  aburrido, tan aburrido  como recibir un cubrecama para navidad.





viernes, 12 de septiembre de 2014

Loca de Amor

(Cuarto de hospital. Soledad,18 años, viste un camisolín y tiene los brazos y las manos vendadas. Camina hacia la puerta, vuelve a la ventana. Se sienta en una silla al costado de la cama.)
Soledad:  No entienden nada. Nada. Si me dejaran verlo y explicarle, él me escucharía y todo este lío se solucionaría de una vez. La psicóloga parece tonta. No me entienden cuando hablo.
Les explico y les explico que yo sólo necesitaba que a él no le quedaran dudas. Él sabe cuánto lo quiero y el me quiere también y me necesita. Tanto les cuesta entenderlo.
Cuando iba a verlo a la salida del teatro todas las noches, me sonreía y me agradecía. Yo le preguntaba si leía mis cartas y él me decía “sí, claro. Claro.”  La noche que descubrí cuál era su  camioneta en el estacionamiento, empecé a dejarle cartelitos, chupetines. Yo sé que le divertía y que los esperaba.
Ah! Y en una entrevista, una vez dijo que era fanático de Hitchcock así que compre una colección de sus películas y se las mandé al canal.  Seguro que igual que yo, se imaginaba que las veríamos juntos en su casa cuando esa mina que vive con él lo deje. Se van a separar.Estoy segura. Ella no lo quiere bien y no lo merece.
Él sabe cuánto lo amo. Yo se lo recuerdo tres veces por día por twitter y no le molesta. No me contesta por los periodistas para cuidarme. El es así. Discreto. Por eso lo amo también.
Tienen que devolverme el celular. No puedo seguir sin comunicarme con él.
Quiero que venga la otra psicóloga. La que vino el primer día. La que me dijo que entre la obsesión y el amor a veces no es fácil distinguir.
Yo lo esperé muchas horas ese día. Me enteré que iba a ese programa y lo esperé en la puerta. Le llevé un chocolate, un osito, un libro y una remera. Me senté en la escalera porque el hombre de seguridad me dijo que estaba bien. Que no molestaba.
Por eso cuando salió con su camioneta y no me vio, yo me acerque pero seguía sin verme entonces yo le golpee la ventanilla y no sé. No sé porque se rompió. Agarré un padazo de vidrio sin pensar o tal vez para protejerlo. Para que no se lastime. No es verdad lo que me dicen . Yo no me acuerdo. Como voy a cortarme las muñecas y asustarlo así. No puede ser. No me acuerdo. Lo que siento es que si me desmayé, Él me tomó en sus brazos y me trajo hasta acá. Quién más lo podría haber hecho. No entiendo porqué nadie lo admite. Yo tengo que agradecerle. Tengo que comunicarme con él.

No entienden nada. Nadie entiende nada. Necesito hablar con él y no estoy loca. Estoy enamorada. No entienden nada. 

jueves, 7 de agosto de 2014

El robo

Vea oficial. Le repito para que me comprenda.Está clarito. Yo sé quién fue.  Usted me dice que no hay pruebas y yo le repito que pruebas sobran.

Como dice en la libreta cívica que le entregué, mi nombre es Blas Pisuti. Tengo ochenta y cinco años.Soy orfebre y vivo en esta casa que es mi taller desde que nací.
Mi padre bajó del barco con catorce años y como ya traía el oficio de Umbría encontró trabajo rápidamente como ayudante en la orfebrería La Paz de la calle Talcahuano. Este terrno en la avenida Alvear  lo compró con sus ahorros. Imagínese lo bien que le iba y lo reconocido que era su tallado. No daba abasto con los pedidos de rastras y facones repujados en la mejor plata. Se consideraban  regalos  muy finos.
Yo aprendí su arte y lo continué con mucho orgullo. Nosotros conocíamos a todas las familias de los palacetes de la zona, Fieles clientes que nos confiaban sus pedidos para ocasiones importantes me entiende. Casamientos, bodas  de plata, cumpleaños .
¿Me comprende, oficial?  Nuestras piezas siempre fueron muy buscadas y valoradas.y para que le cuento los turistas. Miles han pasado por aquí. Elvira, mi señora, guardaba carpetas con fotos y registros de los artículos y los países a donde se los llevaban. Ahí están todavía en la repisa.
Mi hijo se dedicó a otra cosa. El decía que no tenía habilidad pero no tenía paciencia nomás. No quiero hablar de él. Cuando murió en el accidente  yo pensé que mi nieto Mauro se iba a acercar a mi. Que le iba a interesar mi arte y tal vez iba a querer cuntinuar el oficio de sus ancestros.  Pero no fue así.
Solo comenzó a visitarme hace unos años con su socio. Me entiende, no con su esposa como corresponde.  Cada vez que viene me dibuja numeritos en su computadora y me habla de negocios inmobiliarios  millonarios muy beneficiosos para mi supuestamente.
El es el ladrón. Se da cuenta. La última vez que vino cuando yo le volví a repetir que  de mi taller solo me voy al cementerio y ni un minuto antes, me dijo que estaba preocupado por mi seguridad. Que era peligroso estar aquí solo por los robos. Y claro, a los pocos días  me entraron.  Se llevaron piezas de exhibición, las más caras. Fue para asustarme y fue él.

¿Tiene alguna duda usted, oficial? A mi no me importa que mi nieto sea ladrón o que tenga inmobiliaria. Que viene a ser lo mismo.  Lo que me duele es que no respete mi voluntad y mi mundo que es este taller y  que se acaba conmigo. 

viernes, 11 de julio de 2014

SABADO A LA NOCHE

Eli llegó a la parada pensando que lo bueno del sábado era que el colectivo siempre estaba casi vacío así que iba a viajar sentada y tranquila. Lo malo era que los sábados pasaba con menos frecuencia y se iba a comer un largo plantón esperándolo.
El pibe llego al rato y esperó en silencio mirando su celular continuamente. Por lo menos estaba acompañada. Igual estaba de buen humor a pesar del cansancio. Mañana domingo tenía franco. Se lo había cambiado a Mirta. Qué raro un domingo en casa. Desde que había empezado a laburar en el geriátrico hacía como cuatro años su día de franco era el martes. Los otros seis días de ocho de la mañana a ocho de la noche encerrrada fregando  ese olor a pis de vieja que lo invadía todo y que a ella le parecía se le quedaba encima. Se olió la campera distraídamente.
Por ahí podía comprar un poco de asado mañana.tirarlo a la parrilla y comer al sol en el patio con la Yani. Estaría bueno. Pero mejor no gastar guita y menos mencionar el tema. La Yani la mataba si se llegaba a enterar que le había dado todo el aguinaldo a Miguelito Frias, su ex pareja. Es que él  le había rogado llorando porque estaba con una deuda jodida. Sería lo último que le iba a dar. Ya fue. La Yani había estado bien cuando lo rajó a la mierda de la casa con la policía y todo. No era malo el Miguelito  pero tan vago y mentiroso.  Por lo menos nunca le habia pegado a ella ni la había tocado a la Yani. Algo es algo.
Que suerte que la tenía a la Yani.Tan inteligente. tan viva. Hasta ya estaba terminando la secundaria y  daba un montón de  clases particulares a las pibas brutas de la cuadra. Que orgullo. Justo en ese momento le mandó un wassap diciendo que le dejaba una pizza preparada porque se iba a un quince. Después le mandaba fotos. Tan linda también.
Llegó el bondi. El pibe carraspeó y le hizo un gesto para que subiera primero. Que educado el chabón. Eli puso la SUBE , pidió dos boletos y le guiñó un ojo. Fue un impulso. Porque sí. Porque él había sido educado con ella y porque le hacía acordar al Brian que siempre había sido bueno con la gente a pesar de todo. No sabía dónde andaba ahora. La Yani le contó que se había enterado por el Face que estaba laburando para un barra y que capaz lo llevaban a Brasil al mundial y todo. Ojalá no se metiera en ningún quilombo pobre. Que la pase bien, deseó Eli. Con la infancia de mierda que había tenido con ella tan pendeja y sola. Él siempre queriendo saber sobre su papá. ¿Que le iba a decir?  Que además de tarjetero del boliche, se hacia el vivo y vendía merca. Terminó preso enseguida el boludo. Ya fue. Nunca le contó al final.
El pibe se sentó al lado de ella. ¿Habrá pegado onda el pendejo? “Salí. Si estoy un desastre”.  Pensó Eli.  Se sonrieron. Él tenía una mochila negra brillosa  con un logo de un caballo blanco. Estaba buena. Parecía nueva.
Eli estaba por darle charla para pasar el rato, total…  así que para romper el hielo le iba a preguntar dónde la había comprado.  Justo el pibe estaba abriendo el cierre despacio. Capaz le convidaba un caramelo o una galletita en agradeciemiento por haberle regalado el boleto. Pero no.
 De la mochila sacó un fierro. Se paró tranquilo y sin apuntar a nadie en especial dijo con voz finita medio de pito:
“Me dan los celulares y las billeteras rapidito y no pasa nada.Vos quieto gato que ya me bajo” le gritó al chofer.
“Vos no mami. Vos zafás”  y le guiñó un ojo a Eli.
En menos de un minuto ya estaba afuera con ocho celulares y otras tantas billeteras trepándose a una moto que lo esperba en la esquina.
“Todos bien” preguntó el chofer. “Nos desviamos , hacemos la denuncia en la comisaría de la avenida y seguimos.”
“Dale” le gritaron de atrás.

Eli había zafado así que ya que iban a la avenida, se tomaba el bondi cartel azul y por ahí hasta llegaba más rápido a su casa. Era sábado a la noche y una noche con suerte. Casi. 

sábado, 28 de junio de 2014

Sh Sh Sh

Busco un resto de energía y entro.  Espero inútilmente unos instantes.
-          Bueno, comenzamos. Silencio, por favor.
Chirrido incesante de bancos y sillas. Caride y Morrone siguen charlando de espaldas a mí. Villa y Jofré lanzan carcajadas en el fondo.
-          Sh Sh silencio. A sus lugares. Sh Sh
Rodone abre la puerta. Me explica  sobre el bullicio dominante que tiene que buscar su mochila pero que está presente y no llegó tarde. No llego a responderle. Se va y la deja abierta.
-          Bueno. Sentados,  por favor.
Se acerca Maggi y me pregunta si puede ir a buscar su libro al locker. Me freno cuando estoy por repetir por centésima vez en el año que deben tener sus materiales.
¿Para qué lo haría? Nada tiene sentido.
-          Sh Sh. Vamos a comenzar con la guía de preguntas que tenían de tarea.
-          Yo falté. Me dice Robledo moviendo sus puntas fucsias bajo una melena amarilla casi fosforescente.
-          ¿Pediste la tarea?
-          No.
Es inútil continuar esta conversación cada vez más estéril  en este curso.
-          Compartí el trabajo con Carlés.  Sh Sh Sh  ¿todos tienen el texto?
-          ¿Cuál?  Pregunta Di sarli  y lo hace seriamente.
 No podía faltar esa  pregunta. La que podría hacerme estallar y lograr unos segundos de silencio. Un espectáculo que puede captar la atención de algunos por un ratito.
No lo hago.
-          Sh Sh Sh  Nos organizamos, por favor.
Sh Sh Sh. El sonido prohibido. 
En las prácticas del profesorado nos bajaban la nota si lo utilizábamos. Nos daban una larga explicación sobre lo antipedagógico y desmotivante de ciertas actitudes.
“Jamás emitir ese sonido molesto y en extremo perturbador para  la situación pedagógica ideal. No es la técnica correcta de retomar el control de una clase”. Decía la profesora Grandinetti, de quién dependía nuestra última nota y el título.   Todas asentíamos tomando nota  en un silencio divino.
-          Se callan.  Grito.
Peor aún.  Mi docencia involuciona drásticamente hasta reducirse  al primitivo,
Sh Sh Sh
Jofré levanta  la mano. Siento un asomo de esperanza.
-          ¿Vas a responder la pregunta?
-          No. ¿Puedo ir al baño?
-          No. Esperá hasta el recreo.
Martinez está mandando un mensajito en su celular. En una fracción de segundo pienso si lo ignoro y comienzo de una vez o lo mando a firmar  y sigo interrumpiendo este calvario. Decido dejarlo pasar.
-          Rosales, respondé la primera pregunta de la guía.  Sh Sh Sh
-          No la hice porque no entendí.
-          ¿Qué es lo que no entendiste exactamente?
-          Todo.
Risas y resoplidos diversos.
-          Sh Sh  A ver,  quién puede responder la primera pregunta. Ya la habíamos trabajado en clase.
Vidal  levanta la mano y ante mi gesto de súplica comienza a leer con una voz  inaudible detrás de tantas interferencias que la interrumpo.
-          ¿Qué dijo? Un coro desafinado demanda  impaciente.
-          ¿Ponemos eso? Una queja de los que no tienen idea.
-          No. Sh Sh Sh

Juarez le tira la cartuchera a Muslera.  Este le empuja la carpeta hasta que cae del banco y se desparraman todas las hojas. Risas. Varios se levantan para ver mejor el incidente. Los protagonistas se quejan simultáneamente mientras me piden alguna absurda justicia.

-          Voy a darles diez minutos para que revisen y  completen la guía y me la entregan. Lleva nota. El que no entrega tiene un uno.
Estoy loca. No puedo corregir más este fin de semana. Me castigo a mí misma una vez más queriendo castigarlos a ellos.
-¡Es injusto!  Exclama Britos.
-Sh sh sh
 Ahora sí rompo mentalmente todas las teorías de todos los manuales de pedagogía.  
Pero hay silencio por primera vez desde que entré.
Camino hacia el fondo.
Mi audición ha disminuido como otras capacidades  pero sigo teniendo ese radar  afinado por los años y no se me escapa cuando Robledo gira sus puntas fucsias hacia Carlés y le comenta:
-          Ah, ta re loca la mina.
-          ShShSh  repito,  fingiendo haber escuchado solo un murmullo.





martes, 17 de junio de 2014

PIEDRA

Avanzo un poco más en esta  verde colina y encuentro la piedra.Pertenece a un muro  de lo que fue este castillo.  Es azul grisacea y su fría humedad me rachaza.Fantaseo,quiero atribuirle a su eterna indiferencia, la cualidad de testigo activo de incontables vidas con sus principios y finales. Quiero concentrarme y percibir en ella un eco que  las delate, las conserve y las acerque pero su  silencio pedante me desalienta.
Siglos y siglos sin quebrarse. Ella tiene un juego audaz con el tiempo , le hace frente y tiene resto.  Magnifica   mi ser efímero y vulnerable como el de todos aquellos que pasaron y pasarán a su lado. De pronto me aterra la idea.El contraste.  

No es una epifanía. o sí. Es algo obvio pero dejo que  su muda dureza  me muestre sencillamente lo que es mi fugaz vida.    




viernes, 6 de junio de 2014

MI  RAYUELA


tiza. patio.
siesta soleada
tiempo quieto.
cuadrados prolijos
sobre piedra clara.

escala al cielo
en diez pasos marcados
estructura ordenada.
anticipo de otras
delineadas en el vacío
y en la nada.
etapas hasta la meta
pero no tan firmes
ni tan claras.

sábado, 8 de febrero de 2014

COSITAS CHIQUITAS

En el 2014 voy a escribir cositas sueltas y chiquitas y veremos que sucede y sobre todo de dónde viene la inspiración.
Voy a forzarme a mí misma y a mi pereza y presentaré un artículo a mi jefe invisible una vez por semana.
La gran resolución!