CAPITULO 3
Tampoco supo explicar por que decidió hacer el viaje en auto.
Sola.
Hubo algunas respuestas ambiguas a distintas personas interesadas. Finalmente, salvo una pocas mentiritas anecdóticas, todos sus seres cercanos (Matías, su padres, sus socias) quedaron avisados y sin demasiado espacio para repreguntar o indagar.
Lo cierto es que cuando, con mapa rutero en mano, agarró la panamericana, experimentó una liberación y una adrenalina que la hicieron sentir bastante conforme con su extraña decisión. Lo bueno es que tendría 1500 kilómetros para pensar y con suerte, llegar a una conclusión sobre esta necesidad de ser valientemente vulnerable por primera vez en su vida.
Manejar en ruta le hacia bien. Le daba la oportunidad de observar, de imaginar, de relajarse y concentrarse. Este sería su “viaje iniciatico”, si fuera una buena novela o una entretenida “road movie”, si fuera una buena película. O no seria nada, si ella no se dejaba tocar ni transformar por lo que acontecía a su alrededor como había hecho siempre en su vida.
Hasta Diego.
Bueno, ella era ahora la directora y protagonista de esta aventura.
Que clase de aventura?
Si fuera una película francesa, podría tener sexo fugaz y desinteresado a lo largo del camino con distintos personajes que la volverían más escéptica y nihilista.
Si fuera una película alemana, el viaje seria lento, solitario y tedioso hasta llegar a Salta para encontrar a Diego… colgado.
Si fuera una italiana, muchas situaciones exageradas deberían sucederle hasta llegar acompañada por todos sus nuevos amigos del camino quienes la ayudarían a confesarle a Diego que ahí estaba ella para el, para siempre.
Si el la rechazaba, alguno de sus acompañantes podría matarlo en ese mismo momento.
Si fuera una comedia yanqui, habría infinidad de enredos que la pondrían en peligro una y otra vez, hasta lograr llegar a su amado en un carro lleno de gallinas (o algo similar que a los yanquis les divierte tanto) borracha con alguna bebida local. en esas condiciones, lo encontraría a Diego quien a pesar de haberse convertido en un duro campesino, moriría de ternura y le pediría perdón por no haberla elegido antes y le rogaría que se quede junto a el para ayudarlo a superar su dolor como solo ella podría hacerlo en el mundo.
Próxima escena, Diego y Camila, dueños de una posada y un emprendimiento de moda autóctona en su divina (y diferente) fiesta de casamiento con las montañas coloridas de fondo.
Odiaba las comedias yanquis. Esos finales ridículamente perfectos, mentirosos, soñados y simples que la hacían emocionarse a pesar de todo.
Si era por desear e imaginar, prefería algo intermedio. Una película de Sorin? Si, algo real y profundamente humano. Sin un final abierto aunque doliera.
Primera parada: San Nicolás.
Allí había estado hacia varios años acompañando a una amiga que creía ciegamente en los milagros de la virgen. Que envidia creer!!
Camila no creía pero se contagiaba rápidamente. Pegaría un vistazo rápido pero no compraría medallitas. No, no. Bueno, quizás para regalarle a alguien y nada mas.
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