LA
ADORADORA
Es adolescente como las de antes y como las de ahora también.
Como las de antes porque sueña despierta y desesperada con su objeto de deseo. Ese objeto
perfecto que la colma de emociones desbordadas.
Es como las de ahora, porque gracias a la tecnología, hace pública
su obsesión de niña que desea ser mujer amada.
No discierne entre la fantasía y
la realidad. Ella cree que eso que siente es tan intenso que debe ser amor puro
y genuino; entonces se enfrenta sola contra todo. Se destruye a sí misma y a su
propio ser. Solo importa lo que a él le gusta. Todo lo que lo rodea es ahora
fascinante y se lo apropia porque la conecta con él. Una ingenuidad que da ternura
e impacienta por igual.
Qué va a pasar con esta
adoradora? Con su persecución enfermiza y su cariño desenfrenado?
Una tragedia?
Sí.
La tragedia de crecer y aceptar la
realidad.
Mientras tanto es pertinaz en su
pasión. Exhibe sin pudor su reluciente excitación. Es tan rara esta época en la
que no se guardan ni se esconden los diarios íntimos ni las ansias de
muchachitas alzadas. Al contrario, se sufre en manadas de redes invisibles con
testigos seguidores y voyeurs indiferentes.
Leo sus súplicas, sus
insistentes y agotadores reclamos y pienso en toda esa energía empantanada que
no encuentra un cauce real. Ya llegará.
Pobre chica. Pobres todas las
chicas que se enamoran de una idea y pretenden alojarla en un cuerpo libre,
ajeno y tan lejano en su piedad.

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