Estas amigas con personalidades totalmente disímiles, se conocían de toda la vida y con algunas idas y vueltas, todas se quedaron a vivir en el pueblo que las vio nacer.
Para encubrir un poco la cosa, Camila les dijo que era periodista. De este modo se atrevió a preguntar e indagar sin incomodar. Todas colaboraron y fueron pintando un panorama de vidas que Camila conocía y temía por igual.
Teresita, odontóloga, viuda, madre de cuatro hijos fue la mas sincera.
“hay que aceptar cosas.dejar pasar otras. Mantenerse ocupada. El amor?? Carlos fue mi primer novio. Cuando el se fue a la plata a la facultad y yo a la UBA, mantuvimos la promesa de continuar nuestro noviazgo. Yo se que para el fue mas difícil. A veces pienso que no tuvo la valentía suficiente de cortar con tantos lazos. Nuestras familias se conocían, su papa le dejaba el consultorio… muchas veces pensé que el se resigno pero fue bastante feliz. Quien sabe…. Todos guardamos secretos.”
“Antes, en nuestra época, no había opciones. Era mas simple pero mas triste también.”
Esta era lidia. Maestra.casada hacia 42 años. A Camila le sorprendió su honestidad cortante.
“Yo tenia miedo a quedarme soltera y Cacho era un buen muchacho. Así que me casé como todas y no pensé mas. No hay que pensar. El apasionamiento, la magia, todo eso en las novelas. En la vida, la rutina y los años que pasan unos tras otros y cuando te queres acordar... ya esta…”
“bueno, che. Que todas nos casamos muy bien. Que esperaban?
Esto no estaba bien. Camila se sintió amargada y desalentada.
“pero alguna se enamoro tremendamente alguna vez?”
La pregunta sonó melodramática y tonta. Un poco tarde quiso que pareciera graciosa e intrascendente pero hubo un silencio raro, como cargado de recuerdos, balances, arrepentimientos. Para que buscaba Camila cómplices y consejeras. Cada uno carga sus bártulos.
“El enamoramiento pasaba solo en la adolescencia en nuestra época. ahi se podía estar un poco tontita mientras se iba eligiendo candidato. Después la vida era una cosa seria. Sin tiempo para replanteos ni vuelta atrás. Que se yo, del baile en la sociedad italiana, a las nochecitas de zaguán, y de ahí a la iglesia y después a criar una familia. Fin.”
Que simpleza. Que aburrimiento.
Se estaba por despedir cuando Nelida, minúscula y eléctrica en sus movimientos, la tomo de la mano y le dijo,
“te voy a contar una historia que a lo mejor te sirve.”
Las demás se pusieron tensas. Aquí había algo por lo menos diferente.
“yo soy soltera. Profesora de historia. Mi vida pareció invisible todos estos años. Yo me esforcé para que así sea. Se que aunque nadie lo dice, todos sienten un poco de pena porque yo no pude concretar lo que todas las mujeres de mi generación deseaban. Hijos, un hogar. Lo establecido. Sin embargo yo fui y soy la más plena. La mas feliz. Yo ame y fui amada con locura como en las novelas.”
El resto de las mujeres se movían incomodas.
“yo fui la mujer del cura.”
Ah, bueno. Esto si que era cool y nelida tendria casi setenta y había vivido toda su vida en un pueblo agrícola tradicional y conservador de la provincia de Buenos Aires. Necesitaba escuchar esta historia. Claro que inmediatamente lo vio a Diego vestido de negro (color que le quedaba divino) con un cuellito blanco de cura y casi tuvo un orgasmo instantáneo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario